11 septiembre, 2012

Manipuladores, robots y muñecos

  A veces me pregunto si soy yo la mala por ir con la verdad por delante y decir las cosas a la cara. Por decir cómo me siento en cada momento y dejar ver las cosas que me molestan.
  ¿Quién es peor? El que critica a "sus amigos" a sus espaldas, o el que les dice con respeto lo que opina de ellos cuando se llega a un límite.
  ¿Es acaso genial el que tiene un amigo de repuesto? El que, cuando quiere desahogarse, coge a su muñequita de trapo, le cuenta sus penas, y después la tira y la deja olvidada bajo la cama. O el que cuando sus amigos del alma están ocupados y se queda solito, busca a ese tercer amigo para no estar solo pero cuando sus otros amigos reaparecen, ya no se acuerda de ese tercero...
  ¿Es más humilde aquél que se calla y no deja las cosas claras? Aquél que hace sufrir a los demás con su silencio, les confunde y les hace pensar las cosas equivocadas...
  ¿Y qué pensáis de aquél que nunca opina y luego te suelta la puñalada trapera como las mosquitas muertas? El que quiere pasar desapercibido y luego de repente quiere ser el centro de atención.
  En este mundo hay tres tipos de personas: los manipuladores, los robots y los muñecos. Es decir, los que programan a los robots, los que son manipulados y los que se llevan los golpes.

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