24 agosto, 2015

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 12

El día de la fiesta ya ha llegado. Esta semana ha sido muy rara. Kat no me quería contar qué fue lo que pasó con Steven, a pesar de que yo le insistía. Estaba como en otro mundo, no era la misma dicharachera Kat de siempre. A Eliot lo encuentro extraño, demasiado pendiente de mí, aunque eso en cierto modo me reconforta. Por otra parte, el trabajo en la cafetería ha sido igual que siempre, pero esta semana he vuelto a ver al chico del violín tocando frente a la cafetería, al que no veía desde el día que fui por primera vez. Sigo dándole vueltas a la cabeza pensando de qué me suena, pero por más que lo pienso no logro caer en la cuenta.

Esta mañana fui a comprarme algo de maquillaje y un conjunto para la fiesta de esta noche. Quiero deslumbrar. El pasado sábado me sentí realmente bien, pude notar cómo llamaba la atención de algunas miradas y, aunque siempre he pensado que no me gusta llamar la atención, aquello me gustó. Esta noche quiero que sea igual. Sobre todo, quiero deslumbrar a Eliot. De nuevo.


Como ya es costumbre, tras ducharme me aliso el pelo, algo que ya me sale casi perfecto. Me pongo un vestido corto, algo ceñido, en color rojo, con manga al codo y media espalda al aire, pero sin escote, ya que éste no es mi punto fuerte. Después me maquillo, echándome por primera vez sombra de ojos negra. Eso sí, después de mirar un par de tutoriales en internet mostrando cómo se hace. Por último, me pongo de nuevo los zapatos negros de tacón de mi madre y me pongo el abrigo.

En cuanto estoy lista, Eliot llega con su coche para recogerme.

—Estoy algo nerviosa —le confieso.

—Qué boba eres.

—En serio. Nunca he estado rodeada de gente desmadrada y borracha.

—No te preocupes, no dejaré que te vomiten encima.

—¿Tú beberás?

—Supongo que alguna que otra cerveza, como siempre.

—Odio la cerveza.

—A mí me gusta —me reprocha.

—Sólo el olor... —hago un gesto de asco con mi cara.

—Está bien, está bien. Tomo nota —dice mientras suelta una risotada.

—¡No, no! Tú bebe si te gusta. No hay problema.

—Yo no sólo miro por mí. También miro por los demás.

—Pero no tiene nada que ver el que a mí me repugne la cerveza con que a ti te guste beber de vez en cuando alguna.

—Algún día no muy lejano sí tendrá que ver —me insinúa.

—¿Cómo va a...? —entonces caigo en la cuenta de a lo que se refiere. Cuando nos besemos... si ha bebido recientemente, le notaré el olor, incluso el sabor. Agacho la cabeza tímidamente y me río —Ya. Ahora entiendo.

Entonces él se ríe y quita la mano derecha del volante y la pone sobre mi pierna izquierda para dar un pequeño apretón.

En poco tiempo llegamos a la fiesta. Cuando llegamos, aquello ya está lleno de gente. La casa aún está decente y la gente, tranquila. Yo andurreo detrás de Eliot sonriendo a todo el que él saluda.

A lo lejos diviso a la anfitriona de la fiesta, Jenny. Cuando ella nos ve, o, más bien, ve a Eliot, deja inmediatamente lo que estaba haciendo y se acerca a él.

—¡Eliot! Pensaba que no vendrías —exclama entre el sonido de la música mientras le planta dos sonoros besos. Yo me quedo al lado, sin decir nada.

—Bueno, pensamos que estaría bien pasarnos un rato.

Entonces ella se da cuenta de que Eliot viene acompañado por mí.

—Oh —exclama y me mira con una extraña mirada —.Hola —me saluda secamente.

Yo le respondo con un gesto de la cabeza y una falsa sonrisa.

—Quitaos los abrigos.

—¿Dónde los dejamos? —pregunta Eliot mientras ambos nos los quitamos.

—Los subiré a mi habitación para que estén más seguros.

Entonces se los cargamos a ella.

—Uf, ¿me puedes ayudar Eliot?

—Claro —responde él extrañado mientras vuelve a coger uno de los abrigos.

—Tú sírvete y ponte cómoda. Esto... —me hace ver que no sabe mi nombre.

—Alison —le recuerdo.

—Alison. Enseguida volvemos —dice ella finalmente.

Así que Eliot se marcha con Jenny para dejar los abrigos y yo me quedo ahí sola, y miro a mi alrededor. Busco a Kat, incluso a Steven, pero ninguno de ellos parece ser que haya llegado. Me muevo en busca de asiento. Los chicos me saludan y las chicas ponen cara rara al verme. Todos los sitios posibles para sentarse están ocupados y lo único que queda es uno de los brazos del sofá, así que me siento ahí tímidamente observando a los demás. Entonces, un chico se me acerca y comienza a hablarme.

—Hola. ¿No te apetece tomar algo? —me dice simpático. —Gracias, pero mejor espero a que vuelva mi... ¡amigo! —digo al encontrar la palabra adecuada para mencionar a Eliot.

—Tú “amigo” no se va a morir por que tengas una bebida cuando vuelva.

Me lo pienso, y lleva razón. Me doy cuenta de que últimamente dependo mucho de Eliot.

—Es verdad. ¿Qué hay? —pregunto más animada.

—Cerveza, vodka... —se para a pensar—. Jenny es tan exclusiva que ha comprado champán. Supongo que más bebidas alcohólicas pero no me preguntes, a mí de la cerveza y el vodka no me saques.

—No, no quiero alcohol. ¿Dónde puedo coger un refresco?

—Ven, vamos a buscar algo —me indica mientras me coge del brazo para levantarme.

Yo cedo aunque no muy convencida por si Eliot no me encuentra luego. Vamos a la cocina y yo me quedo mirando cómo él empieza a rebuscar por todos sitios, hasta que encuentra una Coca Cola y me la sirve en un vaso con hielos.

—Gracias —le digo amablemente.

—Entonces eres una chica light.

—Sí. El alcohol no es lo mío.

—Haces bien. Ups, perdona, me llamo Jeremy.

—Ah, yo Alison. Encantada.

—Igualmente. ¿Y con quién has venido? —dice mientras me guía de nuevo hasta el salón con todos los demás.

—Con Eliot.

—No tengo ni idea de quién es Eliot —dice—. ¿De qué conoces a Jenny?

—Bueno, estamos en la misma clase, aunque más bien es Eliot quien tiene más contacto con ella.

—Y este tal Eliot también está en tu clase, ¿verdad?

—Sí.

—¿Dónde está ahora?

—Ha ido a dejar los abrigos —digo mientras diviso a Kat entrar y la saludo con la mano para que venga.

—¿Eliot es tu novio?

—No —respondo sin poder evitar escapar una sonrisa.

—¿Tu amigo especial?

Demasiadas preguntas.

—Bueno...

—Oye, no quiero ser metomentodo, pero sólo te quiero avisar de que Jenny es una lagarta. Yo tengo novia, y Jenny se ha intentado entrometer entre ambos millones de veces.

—¿Entonces qué haces en esta fiesta?

—Porque todos mis amigos están invitados y he venido para estar con ellos, no a la fiesta de Jenny. Es que te vi entrar con Eliot, y luego los he visto marcharse juntos... por eso he venido a hablarte.

—Vaya —digo un poco sorprendida—. Pues gracias.

Él se ríe y continúa hablándome. Yo le escucho aunque sin dejar de mirar a Kat, a quién de repente se le cruza en su camino Steven. Se paran a hablar y luego se dan media vuelta y se marchan. Yo me quedo tensa y preocupada porque aún no sé nada de lo que ocurre entre ellos, sobre todo desde el pasado sábado. Después miro por donde Eliot se ha marchado hace ya bastante rato con Jenny, pero no lo veo venir. Mientras, más gente se va uniendo a la conversación de Jeremy, así que decido integrarme.

Un grupo de chicas que se habían unido hace poco a la conversación y que parecen muy simpáticas empiezan a dirigirme la palabra sólo directamente a mí, dando de lado a los chicos: que de dónde soy, qué estudio, cuántos años tengo, si tengo novio, que les encanta mi vestido...

El tiempo va pasando, y aunque la gente es muy simpática, me empiezo a preocupar porque Eliot no vuelve, ni tampoco Kat.

Los chicos me animan a beber alcohol, pero yo me niego, una y otra vez. Hasta que finalmente me convencen para probar algo mezclado con Coca Cola y que está realmente dulce. “Por que te bebas uno, no va a pasar nada”, me dicen continuamente. No tiene mal sabor, así que me acompañan a llenarme un vaso igual.

Le voy pegando sorbitos poco a poco y muy pequeños. La gente empieza a bailar subidos a la mesa y al sofá. Veo parejas besándose en cada esquina, incluso entre chicas. De vez en cuando veo algo volar por los aires. Pero no me preocupa.

Yo cada vez hablo con más gente. Termino un cubata. Y me hecho otro. Y después otro. Eliot sigue sin aparecer, pero ya no me importa. Mi cuerpo comienza a moverse solo. Baila. Me río. Me quito los zapatos y los meto bajo un mueble. Bailo cada vez más animada. Algunos chicos se me arriman por detrás y empiezan a restregarse conmigo, pero yo me aparto, y después sigo como si nada.

De repente, alguien me coge de un brazo y me hace girarme hacia él. Ah, no. Es ella. Es Kat.

—¡Tía! —me grita con una gran sonrisa en la cara.

—¿Dónde estabas? —le digo, mi lengua trabándose.

—¡Emborrachándome! —dice eufórica. Sube su vaso y me hace subir mi mano con mi vaso para brindar. Lo hacemos tan fuerte que un poco de nuestras bebidas se derraman sobre nuestros brazos. Por suerte, los vasos son de plástico, de lo contrario, los hubiéramos hecho mil pedazos— ¿Estás borracha? —me pregunta entonces.

—Creo que sí —grito entre la música. Ambas nos empezamos a reír, nos cogemos por los hombros y bailamos torpemente juntas. La gente nos rodea, y nos anima—. Tía, ¿qué pasa con Steven?

—Steven es gilipollas.

—¿Pero qué pasó el sábado? —le insisto sin dejar de bailar.

—Fui a su casa, y nos empezamos a enrollar como siempre —. Se para a darle un par de sorbos a su bebida—. Después me empezó a meter mano y yo le seguí el rollo.

—¿Os acostasteis? —exclamo sorprendida.

—No, no. Deja que te cuente. Yo la verdad es que estaba a mil, pero se la quería devolver. Así que le dije que me gustaba jugar. Él se dejó que le atara las manos al cabecero de la cama...

—¿Es que llevabas una cuerda o qué? —la interrumpo.

—¡No! —dice mientras ríe—. Le quité los cordones a unas cuantas zapatillas suyas, los uní, y le até muy, muy, muy fuerte a la cama —. Yo me empiezo a reír como una loca mientras me lo cuenta—. Después le quité los pantalones y...

—¿Se quedó en calzoncillos? —me río más aún.

—¡Sí! —dice ella entusiasmada—. Luego le dibujé un cerdo con mi pintalabios en el pecho. Entonces cogí su móvil, y le mandé un mensaje con su móvil a su prima, la que está estudiando aquí también.

—¿Y qué le dijiste? —pregunto muy atenta a su historia.

—Le dije… —se para a terminar su cubata—. Ven a mi piso. Estoy en apuros. Será mejor que vengas acompañada por más gente. Me fui y dejé la puerta abierta. Lo que pasó después, ni lo sé, ni me importa.

Entonces nos reímos las dos como poseídas y nos abrazamos. Nos vamos a rellenar el vaso con más bebida. Seguimos a lo nuestro, bailando y bebiendo juntas. Nunca me había divertido tanto. Y nunca la gente se había fijado tanto en mí.

Pasado un rato, por fin, veo aparecer a Eliot. No sé qué ha estado haciendo todo este rato, pero, irónicamente, no me importa. Cuando se acerca a mí le doy un torpe abrazo. Él se ríe, pero luego va tornando su sonrisa a una expresión más seria.

—Has bebido.

—Síiii —le digo alargando la palabra.

—Dios, Alison. ¿Por qué has bebido?

—¡Oye! Tú bebes cerveza y yo no te digo nada.

—Pero yo no me emborracho. Mírate cómo estás —. Inmediatamente, toda mi alegría se esfuma. Me siento ofendida por sus palabras—. Vamos, tiene que darte el aire fresco —. Me quita el vaso de la mano y lo suelta bruscamente en el primer sitio que encuentra. Me coge del brazo y me guía hasta la calle.

Una vez fuera, nos apoyamos contra su coche. Nos quedamos en silencio un largo rato. Noto la tensión entre nosotros. Una vez han pasado los minutos y el gélido aire ha despejado un poco mi cuerpo, comienzo la conversación, aunque aún sigo borracha y balbuceo tontas palabras.

—¿Qué has hecho con Jenny?

—¿No pensarás algo raro, no? —. No le respondo, sólo miro al suelo—. Alison, cuando hemos entrado en la habitación, ha empezado a contarme no sé qué de un tío que le gusta y ha empezado a llorar. Me daba cosa dejarla ahí sola y la he estado consolando —casi me grita.

—¿Y por qué tienes que consolar tú a una chica que ni siquiera es tu amiga?

—¿Recuerdas el día que nos conocimos, cuando te vi llorando? —me recuerda, el dolor mostrado en su voz.

Me paro a pensarlo. Sí, el día que la abuela fue ingresada. Pero yo, en vez de aceptarlo, le reprocho más todavía.

—Has estado más de una hora con ella.

—No. Con ella he estado muy poco. El resto del tiempo lo he pasado con Steven, que me lo he encontrado.

—¿A quién va a intentar tirarse ahora?

—A nadie. Lo del sábado pasado fue una cagada. Metimos la pata hasta el fondo.

—¿Qué dices? —exclamo. De repente, unas profundas náuseas suben por mi estómago. Eliot me mira, sabiendo lo que me ocurre. Sólo espera a que se me pase o vomite. Respiro profundamente y las náuseas desaparecen— Lo siento —me rindo ante Eliot—. Me he pasado.

—¿Te has pasado echándome cosas en cara o con la bebida?

—Con las dos cosas. Pero más con la bebida —admito.

—Por ser la primera vez, te lo dejo pasar. Pero que no haya una segunda vez —me advierte, como si fuera un padre.

—Gracias. ¿Me puedes dar un abrazo? —casi le ruego.

—Eso no me lo tienes que pedir —dice mientras se dirige a abrazarme con fuerza. Yo le agarro también con mucha fuerza. Apoyo la cabeza en su hombro y cierro los ojos. Nos quedamos así casi un minuto. Siento su respiración junto a mi oído.

Entonces, mi cabeza se levanta de su hombro, y mi nariz va recorriendo su cuello y su cara hacia arriba hasta que me paro frente a él y me dispongo a besarle.

Automáticamente, él me quita la cara, y me pone delicadamente sus dedos en mi boca.

—Alison, quiero que me beses cuando después vayas a recordar nuestro primer beso.
No digo nada y volvemos a apoyarnos en el coche. Al cabo de un rato, cuando ya me encuentro menos mareada, me acuerdo de Kat.

—Kat... ¿qué estará haciendo?

—Está bien. Vamos a hacer una cosa. Entramos a por Kat y nos quedamos aquí fuera hasta que a las dos se os pase la borrachera —. Yo asiento con la cabeza mirándole con los ojos abiertos como platos, como si estuviera atendiendo en clase—. Después llamamos a tu madre y le dices que te vas a quedar en casa de Kat a dormir. Llevamos a Kat a su casa, y tú te vienes a la mía —un gran cosquilleo me recorre tras decir esto.

—¿Por qué no puedo ir a mi casa a dormir?

—Porque, aunque te despejes, se te va a notar que has bebido, y tu padre me matará. Además, te canta el aliento —bromea.

Yo me río. Nos disponemos a hacer lo planeado. A la fuerza, sacamos a Kat de la casa y me quedo fuera con ella mientras Eliot va a por nuestros abrigos. Nos quedamos al menos media hora sentados en un escalón, hasta que Kat y yo nos sentimos más o menos bien. Llamo a mi madre, le pido disculpas por la hora y le digo que me quedaré en casa de Kat a dormir, poniéndole como escusa que se encuentra mal y que no me fío de dejarla sola. Mamá se lo traga y acepta sin recriminaciones.


Llevamos a Kat a su piso, le lavamos la cara con agua fría y la acostamos, dejando un cubo al lado de su cama por si vomita. Esperamos un poco a que se duerma y después nos largamos a casa de Eliot.

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