12 julio, 2013

Desde mi ventana - Parte 4

  Fue una relación pasajera, duró un chasquido de dedos. César me traicionó. Se aprovechó de mí y acto seguido, me  dejó. Pero no me importó demasiado, sentí más humillación que dolor…
 
  Ya era verano y me encontraba en casa, tirada en mi cama mirando las musarañas. Veía de soslayo las personas y los coches que pasaban desde mi ventana, pero ninguna de ellas me distrajo de mis pensamientos excepto una, de la que salió una voz furiosa hacia alguien. No entendí muy bien lo que dijo, pero mi cabeza se giró y mi vista se amplió a lo que pasaba ahí fuera. Y entonces, vi a Álex seguir su paso alborotado. Un escalofrío, más que un cosquilleo, me recorrió el cuerpo. Y sí, he de admitir, que quizá también un poco de tristeza.

  Mi primer año en la universidad había pasado, como si nada, y hacía ya casi un año que tuve mi gran reencuentro con él.

  Más tarde, cuando salí a comprar a la tienda del final de la calle, me encontré con él. Iba caminando tras él, y vi su cogote colorado. La camiseta que llevaba tenía el cuello un poco más ancho que aquella con la que le había dado el sol, por lo que se le veía un arco hacia arriba diferenciando el rojo de su color de piel natural. Esa es la típica marca de las personas que trabajan en el campo o en la construcción. ¿A qué se dedicará él? Me pregunté.

  Mientras, Álex giró a la derecha y se metió en una calle que estaba en obras… y cuando yo pasé, lo vi, a lo lejos, en aquella obra, trabajando. Ese era su oficio. Entonces él se dio cuenta, me miró desde su perspectiva. Se nos cruzó la mirada. Y yo, tonta de mí, dirigí mi mirada hacia delante y no le dije nada. Y él se quedó allí, con los labios entreabiertos y la mirada fija en mí, esperando algo. Algo que dejé pasar.

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