13 agosto, 2013

Lágrimas Sobre Mi Guitarra - Capítulo 24

Capítulo 24
  Embutida en un elegante vestido negro que cubre mis tacones, me veo con dificultades para ejercer con mi función de DJ. Los cuarenta y cinco minutos de fiesta de Año Nuevo que han transcurrido parecen estarme agradecidos por la música que he preparado: desde Bastille hasta David Guetta. Mis gustos musicales no tienen límites.
  -Feliz año nuevo –me vuelve a decir Eliot por quincuagésima vez esta noche. Me alarga una segunda bebida.
  -¿Qué es?
  -Cóctel de zumos tropicales.
  -Nada de alcohol –asiento despreciable.
  -Nada de alcohol –asiente Eliot protector-. ¿Qué tal tu madre?
  -A punto de explotar. Y muy cariñosa. Demasiado cariñosa.
  -¿Muchos cariñitos con papi?
  -¿Muchos? Lo que no me explico es como llegaba hasta mi padre con la barriga de por medio.
  Eliot se ríe y después nos quedamos mirando cómo Kat se acerca hasta nosotros. Camina bailoteando, abriéndose paso entre la gente como si fuera Beyoncé. No sé qué ha hecho para perder tanto peso en dos semanas.
  -Sé que al mundo le encantan estas curvas –se detiene al lado de Eliot y se da una cachetada a ella misma, totalmente orgullosa de su figura. He de reconocer que está rompedora aunque siento verdadera pena de que haga esto sólo por Steven y no por ella misma.
  -¿Steven? –sólo con mencionar su nombre, Kat sabe que estoy preguntando por su situación actual con el mismo.
  -Esta noche va a ser la noche del perdón, del olvido… ¡del amor! –dice con voz chillona.
  -Pues mira, ahí tienes a tu príncipe azul –señalo con la cabeza detrás de Kat, hacia donde está Steven. No sé qué ha pasado, pero parece que este nuevo año que acaba de empezar está sentando bien a todo el mundo. Steven se ha quitado las gafas, cortado su pelo, ha dejado crecer su barba y lo noto más riguroso de lo que era cuando lo conocí.
  Kat da un ligero vistazo al panorama. Sitúa en el espacio una de las muchas ramitas de muérdago que Eliot y yo hemos colgado en el techo como decoración. Reacciono rápido y busco la canción “About a girl” de The Summer Set. Justo cuando le doy a reproducir, Kat se encamina hacia su chico. Como si fuera de película, algunas personas de alrededor se quedan observando la situación, mientras otros ponen expresión de desagrado por la canción.
  Y bajo todas aquellas miradas, Kat arruguetea la corbata de Steven con su puño y tira de ella para fundirse en un beso de reconciliación. Y amor.
  Noto una gran sonrisa invadir mi rostro.
  -Te quiero –susurra Eliot en mí oído. Mi sonrisa desaparece como la luz al apagar el interruptor. Sigo sin sentirlo. Me quedo imperturbable mirando hacia el frente, sin saber, una vez más, qué decir. Eliot se da cuenta, se da media vuelta, y se pierde entre la gente.

  Son las tres de la mañana y no he vuelto a hablar con Eliot desde el incómodo momento. Me siento terriblemente culpable pero ante todo sincera. He pasado casi todo el rato observando cómo las parejas enamoradas se hacen carantoñas y se besuquean bajo el muérdago, especialmente Kat y Steven. Estoy harta de ejercer de DJ y dejo una lista de reproducción en modo aleatorio. Me dejo caer rendida en el sofá y me deshago de los tacones. El vestido ahora barre el suelo, pero no me importa. Solo quiero irme a casa. Miro mi móvil infinitas veces, como si tuviera siempre algún mensaje nuevo que ver.
  Eliot se sienta a mi lado.
  -Prométeme que nunca me vas a hacer daño –por fin me vuelve a dirigir la palabra.
  -Es por eso por lo que no te lo digo.
  -¿Qué me quieres?
  Asiento sin dejar de mirar al frente y soportando su mirada clavada en mi perfil.
  -Eliot, no es que no te quiera… pero no de esa forma.
  -Cuando te digo que te quiero, ¿quién dice que te lo digo en “ese” sentido?
  -¿En qué sentido me lo dices sino entonces?
  -Como amigos –se levanta y se va.
  Como amigos. Asiento para mí misma. Me preparo un ron bien cargado. Tirada en el sofá como cual vagabundo en una acera, dejo que el alcohol me queme la garganta a cada trago.
  Unos meses atrás, está situación sería completamente diferente. Mamá y papá, la abuela, mis tíos y primos ahora mismo deben estar jugando al juego de la escoba, al de la silla… solo les falta mi guitarra. Pero no yo.

  Botella de ron en mano, salgo del apartamento y me siento en el rellano. Tengo unas piernas tan largas que mis pies casi tocan el otro lado del pasillo.
  -¿No crees que un abrigo sería mejor que la botella de ron para combatir este frío? –Drew me sorprende mientras daba un trago de la botella y el líquido ardiente se me atraganta. Empiezo a toser y él se acuclilla rápidamente y me da unos golpecitos en la espalda.
  -Me has asustado.
  -Tranquila, no soy ningún violador. ¿Puedo?
  -Sí claro. No es mi suelo –Drew se sienta a mi lado. Sus pies sí que tocan la otra pared y se ve obligado a doblar las rodillas.
  -Menuda hay montada ahí dentro –se queda escuchando el ruido que proviene del interior- buena música.
  -Gracias.
  -DJ aburrida por la fama y ahogando sus penas en alcohol, ¿me equivoco?
  -Te aproximas. ¿Qué haces aquí?
  -Hay muchas personas en esta fiesta, ¿no? Alguna de ellas me invitó a venir.
  -¿Puedo preguntar quién? –sospecho de Kat.
  -Nop.
  -¿Alguna vez has estado enamorado?
  -No lo sé. ¿Por qué?
  -Sólo quería que me explicaras qué es lo que se siente. ¿No lo estás ahora mismo?
  -Puede –las evasivas de Drew me acaloran.
  Miro al techo deseando haber colgado una rama de muérdago justo ahí arriba. En mi imaginación, lo está, y Drew se gira hacia mí y me da un romántico beso.
  -¿Quieres dar una vuelta? –me ofrece. Se levanta sin que me dé tiempo a responderle y se apura a quitarse su abrigo. Me tiende la mano y me ayuda a levantarme. Después me ayuda a ponerme su abrigo.
  -Gracias.

  Caminamos por la manzana. La calle está invadida de gritos de “feliz año nuevo” y de sonidos de matasuegras y petardos. Cada una de las explosiones me hace saltar sobre mí misma asustada. Drew se ríe de mi asustadiza reacción.
  -¿Dónde desearías estar en este momento? –me pregunta pensativo.
  -En casa con mi familia –confieso-. ¿Y a ti?
  -Aquí está bien.
  Me pregunto qué les pasa a los chicos que me gustan con sus familias.
  -¿Qué hay de tu familia?

  -No son mi prioridad ahora mismo. Tengo una buena noticia que darte –me mira y me sonríe satisfecho- pero vas a tener que esperar un par de días.

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