13 mayo, 2014

Viajes con final

  Sé que en la vida se extrañan cosas. Te vas, se van, caminos que se separan. Y la vida te obliga a olvidar sin quererlo. No tenemos más remedio que recordar y echar de menos, hasta que los vacíos cierran puertas o se rellenan con otras personas, sentimientos o cosas. Pero mientras, el vacío es dolor, y no hay peor dolor que uno correspondido. Son esas veces que nos alejamos el uno del otro sin desearlo, porque nos encontramos en un momento puntual y en un lugar ajeno. Y aun sabiendo que acabaría, decidimos unir nuestras vidas durante un período de tiempo determinado, marcando nuestro inicio y nuestro final sin quererlo, siendo conscientes del vacío de después. Solo nos queda una regla de consolación: "aprovechemos el tiempo juntos". Pero yo tengo reglas que nadie más conoce: "míralo hasta caer rendida, no le sueltes la mano hasta que sea irremediable, abrázalo siempre que tengas oportunidad, bésalo hasta que la imposibilidad de hartarte llegue y díselo todo". Incluso si tienes que decirle que le quieres.












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