18 octubre, 2015

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 15

—¿Me vas a contar entonces lo que pasa con vosotros tres? —le insisto a Kat.

—Todo ha sido un mal entendido —refunfuña ella.

—¿Qué “todo”?

—¡Todo! Desde aquel sábado.

—¿Por qué?

—Alison… ¿recuerdas ese día, cuando me dijiste que me te-nías que contar algo? —asiento con la cabeza y ella continúa—. Pues ahora soy yo la que te tiene que contar algo.

—¿Algo de qué?

—Sobre Eliot. Me temo que él no es todo lo sincero que tú crees.

—¿Por… por qué dices eso? —digo extrañada.



—Steven me ha contado todo… o lo que yo creo que es la verdad. Eso de que Steven iba a dejarme después de acostarnos era mentira. Eliot hace tiempo le propuso a Steven una apuesta.

—¿Qué apuesta?

—Bueno, siento decirte esto pero el que consiguiera acostarse antes con nosotras, ganaría el dinero.

—Eso no tiene sentido. Las pocas veces que hemos estado a punto de besarnos ha sido Eliot el que ha dicho que no, que aún no.

—Supongo que por eso te dijo lo de que Steven me iba a dejar, para que tú me lo dijeras a mí y así yo enfadarme con Steven y que éste no ganara la apuesta. Eliot no es tan tonto y sabe que no te iba a conseguir tan pronto.

—Pero, ¿por qué entonces lo de esperar a besarnos?

—Puede ser que en el fondo le importes un pelín a Eliot.

Me quedo en silencio y noto cómo Kat me mira. No sé qué decir. Ni siquiera tengo ganas de llorar por lo sorprendida que estoy.

—¿Qué debo hacer? —digo al fin.

—Deberías esperar y ver cuáles son las verdaderas intenciones de Eliot.

Así, concluye esta conversación y lo que iba a ser una noche de diversión y de animar a Kat, se convierte en una noche aburrida y nos vamos pronto a dormir, por lo que decido dar de lado al asunto y pensar que todo es un malentendido.


La semana transcurre normal: voy a clase, voy al trabajo, me encuentro con el chico del violín… con una excepción, Eliot pasa de mí y yo, por el intento de ver si le intereso de verdad, tampoco le llamo a pesar de que continuamente me da la tentación de llamar o enviar un mensaje. Intento no darle importancia a lo ocurrido entre Eliot, Kat y Steven, y no dejo que las cosas me afecten para seguir rindiendo bien en clase y en el trabajo.


El chico del violín entra en la cafetería y comienza a hablarme. Me dice su nombre pero no consigo entender nada. Hay mucho ruido en mi cabeza, como una muchedumbre de personas hablando. El chico del violín intenta decirme algo, me da la sensación de que es algo importante. Su cara empieza a descomponerse, cada vez grita más, pero yo sigo sin escuchar nada y me empiezo a asustar, así que me marcho corriendo. De repente, suena una canción.

Mi móvil me despierta, sobresaltada por lo que estaba soñando. Corriendo, lo alcanzo con mi mano y miro quién me está llamando. Eliot. Un escalofrío me recorre el cuerpo y, antes de contestar, respiro profundamente.

—¿Sí? —trato parecer despreocupada.

—¡Buenos días princesa! —las palabras de Eliot me congelan, no sé qué responder.

—¿Q… qué? Mm… Buenos días.

—¿Qué tal? —parece como si no lleváramos varios días sin saber el uno del otro.

—Bien, me acabo de despertar. ¿Y tú?

—¿Te apetece cine esta tarde? —dice sin devolverme la respuesta.

—Bueno, está bien. ¿Qué echan?

—No lo sé, luego lo miramos y decidimos sobre la marcha.

—Ok.

—¿Qué tal ha ido la semana?

—Bien, lo mismo de siempre. ¿Cómo va tu brazo?

—Está mejor, ya puedo conducir.

—Me alegro. Bueno… —entonces se produce un incómodo silencio.

—Me paso a recogerte a las seis.

—De acuerdo.

—Un beso.

—Chao.

Y así, sin más, se corta nuestra llamada. ¿Princesa? ¿Me ha llamado princesa después de haber estado sin llamarme casi una semana entera? No sé qué pretende con todo lo que hace.

Este fin de semana no tengo ningún trabajo de la universidad que hacer y tampoco me apetece estudiar. Paso el día del sábado yendo de arriba abajo en casa, sin saber qué hacer, pensando en una cosa y otra pero, sobre todo, pensando en mi sueño y en el chico del violín.

Sin más, siento el impulso de ir a la cafetería para ver si está. Aún quedan dos horas para que Eliot venga a por mí, así que me doy una ducha rápida, me visto y voy corriendo hasta el lugar.

Pero él no está ahí y, sin apenas darme cuenta, siento tristeza al no verle. Me siento en el poyete donde él siempre se sitúa y me quedo pensativa. Y sin querer, levanto mis manos, como si estuviera cogiendo mi guitarra, y empiezo a tocar acordes en el aire mientras mis labios tararean las notas. Los minutos vuelan mientras en mi cabeza suenan mis viejas canciones.

—¡Vaya! Me han quitado el sitio —es él. Una pequeña sonrisa escapa de mí al saber que está ahí—. Veo que te han echado muchas monedas imaginarias en tu sombrero invisible —se mofa de mí, pero no me molesta, me hace reír.

—Hola —digo risueña—. ¿Vas a tocar?

—Iba, pero no quiero quitarte trabajo —hace que me ría, otra vez—. ¿Qué haces aquí? Si no recuerdo mal, los sábados no trabajas.

                —Perdón. Yo sólo estaba… —de repente me siento un poco avergonzada— sólo paseaba y me senté aquí.

—¿Paseabas sola?

—No, con mi guitarra imaginaria —me alegra ver que, al decirle esto, se ríe. Al mismo tiempo, me aparto para cederle el lugar.

—¿Tocas la guitarra? Me refiero a una de verdad.

—Bueno…

—Antes lo hacías, ¿verdad?

—Sí.

—¿Y por qué ya no?

—Tenía que cambiar cosas en mi vida.

—Pero una pasión no se puede cambiar.

—Lo sé, y ahora me doy cuenta.

—¿Por qué no te compras una guitarra nueva?

—Ahora ya no tengo dinero para una nueva.

—¿Y tu trabajo?

—Bueno, trabajo para pagarme la universidad, la gasolina y para ayudar a mis padres. Además, mi madre está embarazada.

—O sea que el dinero de tu guitarra va destinado a un montón de pañales.

—Así es —asiento, en parte orgullosa.

—Felicidades por tu nuevo hermanito.

—Gracias —le sonrío—. Bueno, creo que te dejaré hacer tu trabajo.

—¿Por qué no te quedas un rato? Esta gente se está empezando a hartar de escucharme todas las tardes.

—¿Y por qué no cambias de lugar? Últimamente me he dado cuenta de que ya apenas te echan monedas.

—Me gusta este sitio, me gusta la gente que hay… -me hace sonrojarme y me da a entender que yo estoy incluida en ese grupo de gente—. También me gusta que me observes mientras toco— esto me hace parecer un tomate seguramente.

—Me… me resulta emocionante todo instrumento. Y tú pareces hacerlo con tanta pasión… no sé, simplemente no puedo evitar mirar cómo lo haces.

—Gracias —dice secamente—. ¿Y qué estudias? —dice cambiando radicalmente la conversación.

—Filología hispánica.

—Mola. ¿Te gusta aprender nuevas lenguas?

—¡Claro!

—Es obvio, por tu carrera… —se me queda mirando a los ojos, fijamente, como si intentara leer mi mente—. ¿Sabes? Me gustaría saber cuáles son esas cosas que tenías que cambiar.

—En realidad, son tonterías.

—De las cuales ahora te arrepientes.

-Exacto. Pero lo hecho, hecho está. Ya es tarde para volver atrás.

—Pero no es tarde para aprender a tocar el violín —me incita.

—Primero, ¿me dirás tu nombre?

—Drew.

—Al…

—Alison. Encantado de conocerte —me corta antes de terminar de presentarme.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Quizá algún día te diga por qué —dice con un tono misterioso y con una sonrisa picarona—. Pero primero, ¿quieres aprender a tocar el violín o qué?

—Sí —digo un tanto confusa.

Entonces él me empieza a explicar: la posición de los dedos, los brazos, la barbilla, los acordes básicos, los movimientos de la muñeca… y el tiempo vuela a mi alrededor. Bueno, a nuestro alrededor. Tanto que, son las seis y media y Eliot aparece al lado nuestro.

—¿Alison? —dice Eliot en un tono un tanto furioso.

—Oh Dios, ¿qué hora es? ¡Lo siento!

—Las seis y media. Ya no nos da tiempo a llegar a la película que quería ver —dice en un tono de despecho.

—Bueno, lo siento Drew, me tengo que ir —digo mientras me levanto rápidamente y me voy al lado de Eliot.

Los dos empezamos a caminar en dirección al coche. No sé qué decir, estoy totalmente avergonzada. Pero Eliot parece realmente enfadado.

-¿A qué se debe ese plantón y encima con otro chico? ¿Quién es?


Parece mucho más enfadado de lo que yo me temía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Críticas y comentarios