22 octubre, 2015

Donde siempre quise estar

  Creo que la mayoría de las personas sentimos que nuestro corazón está en otro lugar, que realmente deberíamos pertenecer a otra ciudad, país o incluso continente. Para mí, es otro tipo de amor, diferente al de enamorarse de una persona. Sí, estoy hablando de enamorarse de un lugar, porque eso realmente ocurre, por extraño que suene.

  Es maravilloso que podamos conocer básicamente cada rincón del mundo, ya que el viajar o simplemente la web nos lo permite. Empezamos a conocer nuevas culturas, unas nuevas costumbres, idiomas, estilos de arte y arquitectura... y nos damos cuenta de que nuestros gustos y nuestros pensamientos van más acorde con aquello con lo que no hemos crecido, con lo que incluso podemos tener a kilómetros y kilómetros de distancia.

  Anhelamos ese lugar lejano, deseamos hacer una vida allí, esperamos el momento de poder decir que estamos en el lugar donde siempre soñamos estar.

  Aún sabiendo todo lo que tendríamos que dejar atrás, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra casa, nuestras costumbres... aún así, la magia del propio lugar nos completa.  

  Nada importa una vez lleguemos a ese lugar, siempre y cuando ese lugar nos dé todo a cambio.


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