01 diciembre, 2015

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 21

En serio, tengo que venir un día y ver cómo tu madre prepara estas comidas —dice Kat aún relamiéndose—. Vaya, ¿qué es esto? —. La miro y veo que tiene en sus manos mi libreta de las canciones. Me apresuro y se la quito de las manos.

—Mi libreta de canciones —la guardo en el cajón de mi ropa interior, que es el primero que encuentro.

—¿Canciones? ¿Cómo que canciones? Uy… parece que tienes que contarme bastante. ¿Dónde tienes el instrumento? —. Kat empieza a girar la mirada en todas direcciones como una loca en busca de una guitarra, un piano, una pandereta o sepa Dios qué.

—Era solo una cosa de niños.

—Elige lo que me vas a contar primero: las canciones o Eliot.

—Ninguna de las dos cosas —Kat hace el amago de protestar pero antes sigo hablando—. Drew.

—¿Dre-qué?

—Drew. Es un chico. 
    

—Déjame pensar… ¿te lo has tirado?

—¡Kat! Eres tan burra… Que no. Déjame hablar.

—Vale. Pero apresúrate, que me tienes con una intriga…

—¿Te has fijado alguna vez en el chico que está siempre frente a la cafetería?

—Sí, ese del violín, ¿verdad? Como para no fijarme.  Está como un tren. Fui fuiuuu. Caballero, ¿puedo subirme a su vagón? —las burradas de Kat y el hecho de que esté hablando del segundo chico que creo que me gusta no me producen enfado sino risa.

Espera un momento… ¿he dicho el chico que me gusta?

—¿Qué te ha pasado Ali? Estabas riéndote y de repente te has quedado blanca como la leche.

—¡Me gusta Drew! Madre mía, que me gusta. Que me gusta. Me gusta.

—Este disco está muy rallado, cámbialo —dice irónicamente Kat—. ¿Te gusta el bombón? ¿Y qué hay de malo?

—¡Que me gusta Eliot!

—Se supone —resalta— que te gusta Eliot. ¿Cómo conociste a ese tal Drew?

Procedo a contarle a Kat la historia desde que lo vi cuando vendí la guitarra. Por primera vez desde que la conozco, Kat me escucha atentamente sin mediar palabra. Hasta que termino.

—Cásate con Drew.

—Creo que le gusta otra chica. O está enamorado. Se llama Monique. Además, no le conozco apenas.

—Pero desde el primer momento en que lo viste algo en él te hipnotizó —dice muy seria.

—Sí —admito.

—Y algo en ti lo hipnotizó a él. Te acompaño a buscar tu guitarra perdida —dice Kat con los ojos como platos y entusiasmada como si se fuera a aventurar en una misión digna de Sherlock Holmes.

—No sé qué voy a hacer. Me puedo comprar una guitarra nueva, supongo.

—¿No tienes curiosidad por saber quién es Monique?

—Sí y no. Me da miedo.

—¿Qué es lo que te da miedo?

—Que me duela lo que pueda averiguar… Y luego está Eliot.

—¿Qué vas a hacer con él?

—No tengo idea. Al principio todo parecía tan ideal, tan cariñoso, tan romántico, tan perfecto. Estuve esperando su primer beso varios meses y cuando llegó fue como si nada. Y luego cuando me dijo que me quiere… yo no siento eso, ¿sabes? En aquel momento pensé, ¿cómo se puede querer a una persona en tan poco tiempo? Eso no es posible. Pero ahora que apenas conozco a Drew y siento que me importa creo que estaba equivocada. Quizá Eliot me quiera de verdad.

—Ali, ya ves que por mi físico a mí ningún chico me va a decir que me quiere para llevarme a la cama, así que deduzco que cuando alguien me lo ha dicho es porque lo sentía de verdad.

—Tonta.

—Y de verdad que puedes sentirlo. De muchas maneras. Pero ten en cuenta que no es lo mismo querer que amar. Amar es algo más fuerte. Creo que el te quiero que te dijo Eliot fue con el cariño y el aprecio de un amigo —. Me sorprendo ante la seriedad y serenidad de Kat, que hasta ahora no conocía—. Pero créeme si te digo que Eliot es un capullo.

—Sí… esa es otra cosa que está por saberse. Aquel asunto con Steven aún me quema. ¿Qué hay de vosotros?

—Le quiero —afirma esta vez.

—Me vas a tener que explicar en qué sentido le quieres.

—Le quiero como amigo, pero me importa como algo más. Ali… no lo conoces. Cuando hemos estado a solas era totalmente diferente. No sé por qué hizo aquella tontería, lo de que sólo quería acostarse conmigo.

—¿Cómo es cuando estáis a solas?

—De sobra sabes que nos hemos besado miles de veces aunque no hayamos llegado a nada más. Pero era cariñoso como nadie nunca lo había sido conmigo. No era empalagoso, me dejaba mi espacio. Me besaba como si quisiera estar besándome toda la vida y no como si me quisiera arrancar hasta mi más profunda entraña. Me cogía de la mano y aminoraba su paso para adaptarse a mis zancadas de enanita y no tiraba de mí como un perro. Me contó muchas cosas de él, y me escuchó cuando yo le hablé de mí.

—¿Por qué no hablas con él? No seas tan rencorosa, al fin y al cabo lo que hizo no es para tanto. Sólo fueron unas palabras tontas para hacerse el machote delante de otros chicos, pero era algo que él no pensaba realmente.

—Lo sé. Sólo quiero hacerle sufrir un poco. Conmigo no se juega —Kat pronuncia sus palabras como si expulsara hielo de sus pulmones.

—¿Y hasta cuándo lo vas a tener sufriendo?

—Hasta que tú vayas a buscar tu guitarra y averigües algo de Monique.

—¿Chantaje, Kat? ¿En serio?

—Muy en serio.

—Eso tendrá que esperar. Primero vamos a buscarnos unos buenos vestidos para Año Nuevo que les quite el hipo a nuestros chicos.


—¿A cuáles de tus chicos te refieres? —bromea.

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