07 marzo, 2016

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 31

Desde que me levanté, he hecho el amago de escribir a Drew alrededor de unos mil mensajes tratando de explicarle brevemente que voy a ir a casa de Monique, pero ninguno de ellos ha sido enviado. Otras tantas veces he marcado su número y casi he pulsado en llamada para contarle la situación directamente. Pero no he obtenido valor de hacer nada de esto.

Estoy a punto de ir a casa de Monique. Mi madre me ha ayudado a preparar una tarta de manzana y me ha dado una buena botella de vino. Ella dice que nunca puedes ir a una cena como invitada a casa de alguien sin un buen vino y, de paso, tampoco sin un buen postre casero.

Pongo con cuidado la botella y la tarta en el asiento del copiloto, y cuando voy a montarme en el coche, Eliot me sorprende aparcando justo al lado. Suelto un suspiro y me acerco con indecisión. Él sale de su Jeep y me empiezo a poner muy nerviosa. Tras este parón entre los dos, ahora no sé cómo reaccionar.

—Hey —le saludo.


—Hola —dice sonriendo brevemente.

Se acerca y se pone frente a mí. Nos quedamos callados y, después, me da un abrazo. Yo se lo devuelvo y, muy a mi pesar, caigo en la tentación. En su tentación. Me acomodo en el calor de su abrazo, en la sinceridad de su disculpa silenciosa.

—Lo siento mucho, Ali —me susurra en el oído—. Te he echado de menos estas semanas —continúa recitando sus excusa—. He estado  pensando mucho, no sé por qué me comporto así. Supongo que no quiero perderte. Ya perdí a una persona una vez y no quiero pasar por eso otra vez —lo escucho mientras se separa un poco de mí y me coge ambas manos con las suyas.

—Yo… he estado muy ocupada, como podrás imaginar.

—Claro, me gustaría ver a tu hermano, ¿podría? —casi me pide permiso.

—Sí, por supuesto. Mi madre está en casa —le invito a ir sin mí, recordando mi cita con Monique. Él tira de mí para que vayamos juntos, pero yo presiono en dirección contraria.

—Puedes entrar solo. Tengo que irme ahora —le digo.

—Ah —se queda boquiabierto—. ¿Podría saber dónde vas? —pregunta, y me apeno de mí misma.

—Eliot, me gustaría que me dejaras más libertad. Creí que lo del otro día te sirvió de algo. Si no me dejas respirar, esto no va a funcionar. Ni siquiera estoy dispuesta a darte otra oportunidad si voy a tener que explicarte a cada sitio que voy y pedirte autorización.

—De verdad, quiero que funcione, quiero que me des otra oportunidad. Soy un idiota —dice ahora en tono cabreado—. Es el miedo de que me vuelvan a dejar.

—Eliot, no quiero que me vuelvas a recordar eso. Esto es otra historia, yo no tengo nada que ver con tu ex. Ella es pasado, ¡supéralo!

—Eso ya está superado, pero ahora hay otro tema que me preocupa.

—¿Qué tema?

—Tu amigo Drew.

—¿Y qué pretendes que haga?

—Siento que él te aleja de mí.

—Dios mío, Eliot. Cuando te he visto aparecer y me has abrazado, por un momento me he sentido esperanzada, aliviada, alegre de que estuvieras aquí… y a gusto con tu abrazo —reconozco débilmente—. Pero ya veo que no ha merecido la pena sentir todas esas cosas durante tan pocos minutos.

—Solo te digo lo que siento.

—Además, no puedes decirme de quién debo ser amiga y de quién no. ¿O es que tener una relación contigo implica no tener amigos?

—No es eso, solo es él. No te prohíbo que seas amiga de Kat o de Steven, pero ese tío…

—¿Ese tío? A ese tío le han pasado cosas mucho peores de las que te han podido pasar a ti. Y es mejor persona que tú. ¿Sabes? Te voy a ser sincera. Te puedo considerar mi primer amor, mi primer beso, el primer chico con el que he soñado de verdad, pero también te puedo considerar mi primera decepción, mi primer desengaño y mi primer desamor. No por ser una novata en el amor voy a permitir ser manejada por la otra persona, y menos por una persona como tú. Eliot, esto ha terminado, y definitivamente. No quiero intentar una relación con alguien que sin apenas conocerme ya me trata así. Y ahora, me marcho, que tengo una cita.

—¿Con Drew? ¿Ya me has sustituido?

—¿Me estás llamando zorra indirectamente? —No me reconozco, ni reconozco este genio y estas palabras que salen de mí—. No te importa con quien sea mi cita, así que sal de mi jardín y vete a la mierda.

Se queda callado sin saber qué decir. Me doy cuenta de que mi madre está en la puerta con el bebé en brazos, así que lo ha debido de ver todo. Me acerco rápidamente a la puerta para decirle a mamá que no se preocupe y que ya le contaré, y después le doy un beso a mi hermano y me voy para montarme en mi coche.

Realmente furiosa, intento calmarme mientras conduzco para llegar a casa de Monique tal y como iba antes de mi encuentro con Eliot.

A pesar de lo enfadada y defraudada que estoy con Eliot, no puedo evitar sentirme un poco culpable. En el fondo él lleva algo de razón. En el fondo es verdad que lo he sustituido parcialmente por Drew, incluso antes de que lo nuestro acabara.

Cuando voy a bajarme del coche, ya frente a la casa de Monique, veo que hay alguien junto al lugar de las dedicatorias. Bajo la luz de las farolas, percibo que es Drew. Mi corazón se pone a mil por hora y, el alivio que siento ahora no es nada comparado con el que he sentido al darme Eliot el abrazo. Veo que deja una rosa y después se marcha de espaldas a mí. Me bajo y corro tras él. Él se gira al oír mis pasos.

—¿Qué haces aquí?

—Lo sé todo… —miro levemente hacia la casa. Él se queda observándome en silencio—. Lo de tu hermana —le aclaro.


Él, completamente atónito, me rodea con sus brazos, fuerte, muy fuerte, y dejo que me deje casi sin respiración.

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