04 marzo, 2016

Alameda

 

 La primera baldosa de la parte sureste del parque de la Alameda tiene grabado nuestro primer beso. Tuvo que ser justo allí, cuando yo ya había pisado la segunda baldosa pero tú, cogiéndome del brazo y pegándome un tironcito que me hizo retroceder dando media vuelta, me devolviste a la primera baldosa contigo, y me besaste. Esa primera baldosa abrió la veda para construir un camino juntos. Un camino invisible que parte de Alameda y transcurre por lugares lejanos, que puede llegar hasta sitios recónditos y abrirse como dos carreteras paralelas para volver a juntarse. Un camino que lleva la magia del primer beso. Un camino que, honestamente, desearía que acabara al pie de nuestras tumbas. Por favor, no dejemos que nadie más pise nuestro camino, no dejemos que desaparezca, no perdamos la magia de Alameda.   





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