08 julio, 2015

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 10

Los días transcurren tranquilos. La abuela mejoró y por fin está en casa. Cuando le conté que ya no tengo la guitarra, entristeció mucho, pero me apoyó porque sabe lo importante que era para mí.

El trabajo en la cafetería me va bien y también me pagan lo suficiente como para no tener que pedirle dinero a mamá o papá cada vez que salgo con Eliot o Kat e, incluso para comprarme algún capricho.

Las clases también van genial. Llevo todos los trabajos al día y cada vez que tengo que quedar con Eliot para hacer las prácticas semanales me divierto mucho. Hasta ahora siempre hemos quedado en la biblioteca de la universidad para hacerlos, pero hoy le he invitado a que venga a casa por primera vez para hacer los deberes aquí. Cuando se lo he dicho a mamá se ha entusiasmado más de lo que debería, aunque me ha aconsejado que como papá va a estar todo el día fuera trabajando, mejor que ni se entere... no es que me vaya a caer la gorda si se enterase, pero está claro que a ningún padre le hace gracia que su niñita se traiga chicos a casa, aunque sea para hacer un simple trabajo.


La cosa con Eliot marcha de lujo. Ahora sí sé lo que es que te guste alguien. Tras un mes y medio desde que lo conozco, aún no hemos hablado de nuestra situación. Somos amigos, pero sé que hay algo más, no sólo por mi parte, sino también por la suya. A veces me paro a pensar en el gran giro que ha dado mi vida. Ahora estoy continuamente mirando el móvil el cual siempre tiene algo, ya sea un mensaje, una llamada perdida... quedo con amigos y tengo más tiempo libre incluso para mí misma, por lo que hace una semana fui con mi dinero a comprarme una plancha para el pelo y desde entonces estoy aprendiendo a alisar mi pelo, y cada vez se me da mejor. Ahora me gustaría renovar un poco mi armario, comprarme ropa más sofisticada y algo más de maquillaje.

Horas antes de que llegue Eliot, he ordenado un poco la casa ya que mamá está con el embarazo muy avanzado y apenas hace algo. He intentado ponerme casual, pero no muy desaliñada.

El timbre suena y, aunque ya es una costumbre para mí estar con él, mi pulso se acelera igualmente. Bajo corriendo y abro la puerta a Eliot. Me da un beso en la mejilla, como es habitual entre nosotros cada vez que nos vemos. Me da un escalofrío al sentir su helada piel.

—Uf qué frío —dice entrando en casa y frotándose las manos.

—Dame el abrigo —le digo ayudando a quitárselo. Después, lo cuelgo en la percha que hay en la entrada de mi casa.

—¡Hola Caroline! —saluda Eliot a mamá alegremente, que está tirada en el sofá.

—¡Hola cielo! —se oye la voz fatigada de mamá desde la lejanía. Me hace sonreír el saber que ambos ya tienen un poco de confianza.

—Bueno, vamos arriba —le digo a Eliot tomando la delantera para guiarlo hasta mi cuarto.

—¿Ya me vas a llevar a tu cuarto, tan pronto? —bromea.

—Shhhh —le indico por lo bajo—. Estas bromas hazlas más lejos de mi madre —digo, aunque riéndome un poco.

Cuando entramos en mi habitación, él lo inspecciona todo y se mueve por ella toqueteando todo sin llegar a abrir cajones.

—¿Puedo ver tu armario? —pregunta recatado.

—Sí, no tengo nada que esconder así que sin problema —le digo tranquila.

Entonces él abre el armario y comienza a inspeccionar la ropa y, cada vez que ve algo que nunca me ha visto llevar, dice “Esto deberías ponértelo más”. Yo no le respondo, pero me río porque me hace gracia que se fije en la ropa que llevo.

—La verdad es que quiero comprarme algo de ropa —le digo cuando él cierra la puerta de mi armario.

—Tienes bastante ropa. ¿Para qué te vas a comprar más?

—Es que me gustaría renovar un poco mi estilo. Ahora que tengo dinero propio, quiero comprarme ropa más sofisticada.

Eliot suelta una carcajada.

—¿Más sofisticada? A mí me gustan tus jersey largos, tus vaqueros rotos, tus vestidos de flores y tus botas planas... —dice mostrándose tímido—. Me gustabas con el pelo rizado y ahora te lo alisas, aunque no digo que no me guste también, pero no cambies más por favor —dice ahora en un tono más serio.

—Bueno, tampoco es para tanto —le calmo—. Es ropa y pelo, hay que madurar, que ya estoy a punto de cumplir diecinueve.

—Hay que madurar, pero no cambiar —me corrige él.

Paso su último comentario por alto y termino la conversación, aunque ni mucho menos estoy enfadada ni nada por el estilo. Le sugiero que nos sentemos y comencemos el trabajo para terminar pronto. Al cabo de una hora, estamos a punto de terminarlo y mamá nos interrumpe para decirnos que se va a casa de la abuela y de paso me dice que papá llegará a las ocho, más que nada para recordarme que saque a Eliot fuera de casa antes de esa hora. Como aún son las seis, no hay problema, tenemos tiempo de sobra para terminar el trabajo.

Una vez que sentimos el portazo y vemos desde la ventana a mamá andando calle abajo, Eliot aprovecha y se sienta un poco más cerca de mí.

Una media hora más tarde, damos por finiquitado el trabajo y recogemos todos los folios, libros y bolígrafos. Después, nos volvemos a sentar en las sillas y esta vez él pone su brazo sobre el respaldo de mi silla y me acaricia el hombro y, aunque ya estoy acostumbrada a estas cosas por su parte, me pongo tensa y no sé qué hacer, así que me quedo callada, con la mirada baja.

—Bueno, ¿qué vamos a hacer esta noche? —se lanza finalmente él, recordándome que es sábado.

—No sé. Steven y Kat van a ir a cenar, así que podemos quedar después con ellos para dar una vuelta o algo —le sugiero.

—Vale —acepta convencido—. Podríamos ir a un pub —me sugiere.

—¿A un pub?

—Sí, un pub. Un sitio donde ponen música y bebida y los jóvenes se reúnen y bailan.

—¡Qué tonto eres! Es que no sé qué podría ponerme para ir a un pub. No tengo zapatos de tacón.

—No hace falta que vayas muy arreglada. Un pub no es una discoteca, puedes ir con zapatos planos.

—Bueno —digo haciéndome a la idea—. Podemos sugerírselo.

Cojo el móvil y le mando un mensaje a Kat para comentarle la idea. Tras terminar, vuelvo a dejar el móvil sobre el escritorio.

—¿Qué es lo que hay entre Kat y Steven? —cotillea Eliot.

—Exactamente, no lo sé. Se besan y esas cosas.

—¿Pero se besan para después avanzar a una relación seria? —se interesa él.

—A ver, sé que a Kat le está empezando a gustar Steven mucho, pero ella nunca me ha dicho si él alguna vez le ha contado algo sobre sus sentimientos.

—Mmm... —expresa Eliot.

Nos quedamos en silencio.

—¿Y qué pasa entre tú y yo? —me lanzo a decirle por fin.

—¿Tú qué quieres que pase? —me devuelve la pregunta mientras veo de reojo que su mirada se gira hacia mí.   Yo, sin embargo, continúo mirando al frente.

—Yo... tú... creo que me gustas —digo con la voz temblorosa y bajando ahora la mirada hacia mis manos que no paran de entrelazarse nerviosas sobre mi regazo.

—Alison —me dice él firmemente—. Tú también me gustas a mí.

—Bueno, quería oír eso.

Eliot sube su mano hasta mi cara y me hace levantar la mirada y girarla hacia él.

—Alison, ya te conté mi pasada historia de amor y ya te dije que yo no soy el típico cabrón. Yo soy muy enamoradizo y no busco de ti un simple rollo. Quiero que con el tiempo...

Sonrío levemente y siento que me emociono.

—No quiero decir que vayamos a empezar una relación seria ahora mismo— continúa Eliot—, pero sí me gustaría dentro de un tiempo. Pero sólo si tú sientes lo mismo y estás segura.

—Eliot yo... yo... —no sé cómo decírselo, pero de alguna forma se lo tengo que soltar— Yo nunca he tenido novio. Yo...

—Eso no es nada malo, ni raro.

—Pero es que... ni siquiera me han besado nunca —suelto rápidamente.

Él me mira en silencio durante unos segundos y yo vuelvo a bajar la mirada.

—Sabía que eras especial —dice después con una pequeña sonrisa picarona.

—¿A qué te refieres?

—Siempre me has transmitido esa sensación. Eres diferente, no eres como todas. No eres como ella —dice aludiendo a su ex—. Yo no tropiezo con la misma piedra dos veces.

—Soy rara.

—Sí, eres rara. Pero eres rara a tu manera, y me encanta.

—¿Y qué piensas de que nunca...?

—Pienso que eso te hace más especial aún. Ven —dice al tiempo que se pone en pie y me agarra de las manos para que yo también me levante.

Entonces se pone frente a mí y pone mi pelo alisado detrás de mi oreja derecha.

—Alison, quiero que te sientas a gusto y que estés segura de todo. Iremos paso a paso, tranquilamente y sin adelantar las cosas.

  Yo asiento con la cabeza, el nerviosismo mostrándose en mi cara. Entonces él me rodea con sus fuertes brazos, y me presiona contra su pecho, al tiempo que yo le rodeo por su cintura. Nos quedamos así unos segundos y después comenzamos a separarnos lentamente.

Me doy cuenta de que en mi mente estoy analizando cada movimiento que hacemos los dos. Noto su respiración moviéndose por mi oreja y aproximándose a mi cara. Yo comienzo a inspirar y expirar muy fuerte. Mis ojos suben hasta los suyos, pero él los tiene medio cerrados. Sus labios se aproximan a los míos. Entonces miro ahora su boca, la cual está expresando una leve sonrisa.

Mis brazos, que ya se estaban separando de su cuerpo, activan ahora mis manos y las hace agarrar su camiseta gris y arrugarla entre mis puños. Cada vez está más cerca. ¿Es este el momento? ¿Me va a besar? ¿Va a ser mi primer beso?


Ahora sus labios se paran justo enfrente de los míos. Noto la electricidad de nuestras pieles rozándose. Así que decido entrecerrar los ojos.

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