03 noviembre, 2015

Acordes de amor y despedidas - Capítulo 17

¿Algo que me pertenece? ¿Quién será? Con un número oculto ni siquiera le puedo contestar. Maldita sea. No sé si debo asustarme o qué debo hacer. Quizá se hayan equivocado.

Me tumbo en la cama y releo el mensaje una y otra vez, como si fuera difícil de descifrar. Otro "bip" suena. Otro mensaje. Eliot.


“BUENAS NOCHES PEQUEÑA. DULCES SUEÑOS.”


Uf... me quiere... ¿me quiere? ¿No es demasiado pronto para "quererme"? Divago entre contestarle al mensaje por simple cortesía o hacer como si no lo hubiera leído. Finalmente, me decido por lo segundo. No puedo afrontar tantas cosas en tan poco tiempo. Esa pelea, el beso, el "te quiero", los dos mensajes y él... y con él no me refiero a Eliot. 



Un "buenos días princesa" me despierta. Una sonrisa mana de mi rostro mientras entorno los ojos. Puedo ver que un pequeño rayo de sol entra por mi ventana y se refleja directamente en mi cama, sobre él, que está tumbado al lado mío por encima de las sábanas. Lleva un vaquero con rotos y una sudadera gris. Antes de que termine de abrir los ojos, posa su mano sobre mí mejilla y la acaricia como cuando acaricia su violín... 

Y de nuevo, otro sueño con Drew. Me incorporo en la cama. Es aún de noche y siento la lluvia golpear la ventana. Justo lo contrario a mi sueño. Tan contrario que en lugar de Drew, me encuentro con un nuevo mensaje de Eliot. 


“MI VIDA, ¿ESTÁS BIEN? ME QUEDÉ ESPERANDO TU RESPUESTA.”


Son las cinco de la mañana. Le contesto para que se quede tranquilo aunque no muy conforme con hacerlo. No entiendo qué me pasa. Le digo que estoy bien, que me quedé dormida y que lo siento por preocuparle. 

¿Mi vida? No entiendo a qué juega. Me tiro una semana sin saber de él y de buenas a primeras tantas cosas que me caen como una lluvia de granizos. ¿Cómo voy a ser su vida? No puedo ser su vida, si apenas lo conozco.

Intento volver a dormirme para no pensar. Mañana no voy a hacer nada, sólo todo el día deambulando por casa. Necesito pensar en toda esta última tarde.


En algún momento del día, y digo algún porque no tengo idea de qué hora puede ser, mamá entra en mi habitación con un plato de pollo en salsa. Bueno, un trozo de alita tan pequeño que hace parecer el plato enorme. 

—Estoy embarazada, cariño —dice intentando excusar lo de la cantidad de comida —. ¿No piensas comer?

—¿Qué hora es? —pregunto desorientada.

—Las cuatro de la tarde. ¿Qué llevas haciendo todo el día? Aparte de canturrear...

—No sé. Miro por la ventana, pienso, canturreo más...

—Tienes tres mensajes y seis llamadas perdidas en el móvil. ¿Desde cuándo no lo miras?

—Desde que me desperté anoche de madrugada. No quiero mirarlo —digo sin hacer amago siquiera de mirar de lejos el móvil.

—Eliot, Eliot, un número desconocido y... seis llamadas de Eliot —cotillea mi madre.

—Oh Dios mío...

—¿Pasa algo con Eliot?

—En realidad, nada malo. Sólo que... mamá, ¿cómo sé si quiero a una persona? —pregunto avergonzada. Mamá suelta una liviana risita.

—Cariño, cuando quieres a alguien no hace falta ni que te preguntes si le quieres. Simplemente lo sabes.

—¿Eso es lo que te pasó a ti con papá?

—Me pasó, y me sigue pasando. Y también me pasa contigo y con tu pequeño hermano.

—Es increíble cuánto puedes querer a una persona que aún ni siquiera has visto, ¿verdad? —digo, hablando ahora sobre el pequeño bebé que se encuentra en el interior de mi madre —. ¿Cuánto queda?

—Ya queda poco cariño, unas cuantas semanas. No sé si eres consciente de que mi barriga está a punto de estallar.

—Tengo muchas ganas de verle —digo totalmente emocionada con mi hermano.

—Yo también, pero antes de que eso pase, tienes que arreglar lo que ocurre con Eliot. Sea lo que sea. 

—En realidad no pasa nada. Es sólo que me dijo...

—Te quiero.

—Sí... y yo no sentí que se lo debía decir.

—No tienes por qué apurarte por eso. Es pronto para saberlo y no todas las personas lo sienten todo al mismo tiempo. Sólo aclárate y ten cuidado con lo que hagas. Quiero que estés segura de las cosas antes de hacerlas, ¿vale? —Asiento con la cabeza y agacho la mirada en dirección al móvil.

Entonces mamá me deja a solas de nuevo. Cojo el móvil y miro los mensajes. Primero, dos de Eliot:


“YA TE ECHO DE MENOS...
¿QUEDAMOS HOY?”


Eso, más las seis llamadas perdidas... le contesto.


  “LO SIENTO, TENGO COSAS QUE HACER. NOS VEMOS MAÑANA EN CLASE.”


Y ahora el mensaje del número desconocido, aunque ya no es oculto, ¿será el mismo que el de ayer?


“QUIZÁ QUIERAS RECUPERARLO”


Aprovecho que esta vez le puedo contestar.


“¿RECUPERAR QUÉ?”


Me quedo sentada en la cama esperando respuesta, la cual llega al cabo de unos minutos.


“ESTA NOCHE EN LA CAFETERÍA”



  Drew...

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