27 febrero, 2017

El frasco de las inseguridades

Se mira todas las mañanas en el espejo y, con suerte, un día a la semana piensa que lo que ve reflejado no está del todo mal. 

Pero por lo general, lo único que ve es su acné y las marcas que éste le ha dejado. Su nariz prominente. Los rasgos de su rostro poco femeninos. Sus colmillos amarillentos. El vello en sus mejillas que, probablemente, sólo ella ve. El cerco oscuro que rodea sus ojos. Sus ojos pequeños y tristes. Sus labios poco expresivos. Y la palidez de su rostro, lo único que no cree que sea algo malo.

Gasta demasiado tiempo al día usando productos cosméticos que sólo son una máscara inútil de lo que ella ve a diario. Una máscara no del todo efectiva, pero que al fin y al cabo, esconde la mayor parte de sus defectos a la sociedad. 

Crema para el acné, corrector para las ojeras, maquillaje para las marcas, dentífrico blanqueador para los dientes, máscara de pestañas para hacer la mirada más grande, colorete para darse un poco de vida...

Así consigue meter parte de sus inseguridades en el frasco.

Se viste y sigue sin gustarle lo que ve. No hay ninguna prenda con la que se siente a gusto. No hay ningún pantalón que no le quede grande. 

Se pone jerséis anchos y largos, para disimular la escasa forma de su figura. Y así se siente un poco mejor.

Se mira al espejo, y se siente preparada para cerrar el frasco y salir al mundo.

Se esfuerza en sonreír y hacer como si nada cuando cree que la gente le mira los hoyos de la cara, la enorme nariz, su fea sonrisa, en lugar de mirarla directamente a los ojos. Después rectifica y piensa que la gente tiene cosas mejores en las que pensar que fijarse en sus defectos físicos. 

Acepta lo que hay. Acepta que no es perfecta, pero que nadie lo es. Y se intenta aceptar tal y como es.

Pero eventualmente llega alguien que se cree con derecho a decirle que está demasiado delgada y que debería comer más, alguien que se cree con la potestad de decirle que está muy pálida o que tiene demasiadas ojeras. Alguien que se cree tan perfecto como para llamarla fea o decirle que parece que tiene la cara manchada.

Y se siente dolida. Y lo único que quiere es no salir nunca de casa, porque por más que intente disimular sus defectos, sabe que la sociedad los está viendo y, a sus espaldas o frente a ella, la critican. Y cree que no importan sus logros, sus buenas acciones ni su personalidad, porque la sociedad sólo la calificará por su físico defectuoso.

Lo que ella no piensa es que si fuera perfecta, si tuviera las medidas ideales en su figura, si vistiera con el mejor estilo, si tuviera la piel totalmente lisa, el tono bronceado adecuado, la nariz respingona, los labios carnosos, los ojos claros, el pelo perfecto, la sonrisa resplandeciente... la sociedad todavía intentaría buscar sus defectos.

Si es tan guapa, no será tan lista.
Yung Cheng Lin

Si es tan guapa, será una creída.

Si es tan guapa, será una puta.

Está muy buena, pero tiene pocas tetas.

Si es tan guapa, es normal que no la tomen en serio. 

No será perfecta, algún defecto tendrá. 

Si es tan perfecta, la sociedad también le sacará defectos.

Palabras como balas. 

El cuerpo un blanco fácil.

Porque la sociedad está hecha para destapar el frasco de las inseguridades de los otros. No importa cuánto te aceptes a ti mismo, porque siempre habrá alguien que te criticará. Pero ninguna persona debe permitirse vivir a base de las críticas de los demás. 

No vale encerrarse y no dejar que el mundo te vea por miedo a lo que digan. No vale dejarse afectar por lo que crees que pensarán de ti los demás. No vale cederle a los demás el privilegio de creerse con derecho a hundirte.

No le sigas el juego a los prejuicios. No te dejes ser víctima. 


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