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13 julio, 2012

"Lágrimas Sobre Mi Guitarra" Capítulo 16


            -¿Me vas a contar entonces lo que pasa con vosotros tres? –le insisto a Kat.
            -Todo ha sido un mal entendido –refunfuña ella.
            -¿Qué “todo”?
            -¡Todo! Desde aquel sábado.
            -¿Por qué?
            -Alison… ¿recuerdas ese día, cuando me dijiste que me tenías que contar algo? –afirmo con la cabeza y ella continúa- Pues ahora soy yo la que te tiene que contar algo.
            -¿Algo de qué?
            -Sobre Eliot… me temo que él no es todo lo sincero que tú crees.
            -¿Por… por qué dices eso? –digo extrañada.
            -Steven me ha contado todo… o lo que yo creo que es la verdad. Eso de que Steven iba a dejarme después de acostarnos era mentira. Eliot hace tiempo le propuso a Steven una apuesta.
            -¿Qué apuesta?
            -Bueno… siento decirte esto pero apostaron que antes que Steven y yo nos acostáramos, él y tú os habríais besado.
            -Eso no tiene sentido. Las pocas veces que hemos estado apunto de besarnos ha sido Eliot el que ha dicho que no, que aún no.
            -Supongo que por eso te dijo lo de que Steven me iba a dejar…
            -Pero, ¿por qué entonces lo de esperar a besarnos?
            -Supongo que en el fondo le importarás un pelín a Eliot.
            Me quedo en silencio y noto como Kat me mira. No sé qué decir. Ni siquiera tengo ganas de llorar por lo sorprendida que estoy.
            -¿Qué debo hacer? –digo al fin.
            -Supongo que deberías esperar y ver cuáles son las verdaderas intenciones de Eliot.
            Así, concluye esta conversación y lo que iba a ser una noche de diversión y de animar a Kat, se convierte en una noche aburrida y nos vamos pronto a dormir, por lo que decido dar de lado al asunto y pensar que todo es un malentendido.

            La semana transcurre normal: voy a clase, voy al trabajo, me encuentro con el chico del violín… con una excepción, Eliot pasa de mí y yo, por el intento de ver si le intereso de verdad, tampoco le llamo a pesar de que continuamente me da la tentación de llamar o enviar un mensaje. Intento no darle importancia a lo ocurrido entre Eliot, Kat y Steven y no dejo que las cosas me afecten para seguir rindiendo bien en clase y en el trabajo.

            El chico del violín entra en la cafetería y comienza a hablarme. Me dice su nombre pero no consigo entender nada. Hay mucho ruido en mi cabeza, como una muchedumbre de personas hablando. El chico del violín intenta decirme algo, me da la sensación de que es algo importante. Su cara empieza a descomponerse, cada vez grita más, pero yo sigo sin escuchar nada y me empiezo a asustar, así que me marcho corriendo. De repente, suena una canción.
            Mi móvil me despierta, sobresaltada por lo que estaba soñando. Corriendo lo alcanzo con mi mano y miro quién me está llamando. Eliot. Un escalofrío me recorre el cuerpo y, antes de contestar, respiro profundamente.
            -¿Sí? –trato parecer despreocupada.
            -¡Buenos días princesa! –las palabras de Eliot me congelan, no sé qué responder.
            -¿Q… qué? Mm… Buenos días.
            -¿Qué tal? –parece como si no lleváramos varios días sin saber el uno del otro.     -Bien, me acabo de despertar. ¿Y tú?
            -¿Te apetece cine esta tarde? –dice sin responder a mi pregunta.
            -Bueno, está bien. ¿Qué echan?
            -No lo sé, luego lo miramos y decidimos sobre la marcha.
            -Ok.
            -¿Qué tal ha ido la semana?
            -Bien, lo mismo de siempre. ¿Cómo va tu brazo?
            -Está mejor, ya puedo conducir.
            -Me alegro. Bueno… -entonces se produce un incómodo silencio.
            -Me paso a recogerte a las 6.
            -De acuerdo.
            -Un beso.
            -Chao.
            Y así, sin más, se corta nuestra llamada. ¿Princesa? ¿Me ha llamado princesa después de haber estado sin llamarme casi una semana entera? No sé qué pretende con todo lo que hace.
            Este fin de semana no tengo ningún trabajo de la universidad que hacer y tampoco me apetece estudiar. Paso el día del sábado yendo de arriba abajo en casa, sin saber qué hacer, pensando en una cosa y otra pero, sobre todo, pensando en mi sueño y en el chico del violín.
            Sin más, siento el impulso de ir a la cafetería para ver si está. Aún quedan dos horas para que Eliot venga a por mí, así que me aseo un poco, me visto y voy corriendo hasta el lugar.
            Pero él no está ahí y, sin apenas darme cuenta, siento tristeza al no verle. Me siento en el poyete donde él siempre se sitúa y me quedo pensativa. Y sin querer, levanto mis manos, como si estuviera cogiendo mi guitarra, y empiezo a tocar acordes en el aire mientras mis labios tararean las notas. Los minutos vuelan mientras en mi cabeza suenan mis viejas canciones.
            -¡Vaya! Me han quitado el sitio - es él. Una pequeña sonrisa escapa de mí al saber que está ahí-. Veo que te han echado muchas monedas imaginarias en tu sombrero imaginario –se moja de mí, pero no me molesta, me hace reír.
            -Hola –digo risueña-. ¿Vas a tocar?
            -Iba, pero no quiero quitarte trabajo –hace que me ría-. ¿Qué haces aquí? Si no recuerdo mal, los sábados no trabajas.
            -Perdón. Yo sólo estaba… -de repente me siento un poco avergonzada- sólo paseaba y me senté aquí.
            -¿Paseabas sola?
            -No, con mi guitarra imaginaria –me alegra ver que, al decirle esto, se ríe. Al mismo tiempo, me aparto para cederle el lugar.
            -¿Tocas la guitarra? Me refiero a una guitarra de verdad.
            -Bueno…
            -Antes lo hacías, ¿verdad?
            -Sí.
            -¿Y por qué ya no?
            -Tenía que cambiar cosas en mi vida.
            -Pero una pasión no se puede cambiar.
            -Lo sé, y ahora me doy cuenta.
            -¿Por qué no te compras una guitarra nueva?
            -Ahora ya no tengo dinero.
            -¿Y tu trabajo?
            -Bueno, trabajo para pagarme la universidad, la gasolina y para ayudar a mis padres. Mi padre no tiene trabajo y mi madre está embarazada.
            -O sea que el dinero de tu guitarra va destinado a un montón de pañales.
            -Así es –asiento en parte orgullosa.
            -Felicidades por tu nuevo hermanito.
            -Gracias –le sonrío-. Bueno, creo que te dejaré hacer tu trabajo.
            -¿Por qué no te quedas un rato? Esta gente se está empezando a hartar de escucharme todas las tardes.
            -¿Y por qué no cambias de lugar? Últimamente me he dado cuenta de que ya apenas te echan monedas…
            -Me gusta este sitio, me gusta la gente que hay… -me hace sonrojarme y me da a entender que yo estoy incluida en esa gente-. También me gusta que me observes mientras toco- esto me hace parecer un tomate.
            -Me… me resulta emocionante todo instrumento. Y tú pareces hacerlo con tanta pasión… no sé, simplemente no puedo evitar mirar cómo lo haces.
            -Gracias –dice secamente-. ¿Y qué estudias? –dice cambiando radicalmente la conversación.
            -Filología hispánica.
            -Mola. ¿Te gusta aprender nuevas lenguas?
            -¡Claro!
            -Es obvio, por tu carrera… -se me queda mirando a los ojos, fijamente, como si intentara leer mi mente- ¿Sabes? Me gustaría saber cuáles son esas cosas que tenías que cambiar.
            -En realidad, son tonterías.
            -De las cuales ahora te arrepientes.
            -Exacto. Pero lo hecho, hecho está. Ya es tarde para volver atrás.
            -Pero no es tarde para aprender a tocar el violín –me incita.
            -Primero, ¿me dirás tu nombre?
            -Drew.
            -Al…
            -Alison. Encantado de conocerte –me corta antes de terminar de presentarme.
            -¿Cómo sabes mi nombre?
            -Quizá algún día te diga por qué –dice con un tono misterioso y con una sonrisa picarona-. Pero primero, ¿quieres aprender a tocar el violín o qué?
            -Sí –digo un tanto confusa.
            Entonces él me empieza a explicar: la posición de los dedos, los brazos, la barbilla, los acordes básicos, los movimientos de la muñeca… y el tiempo vuela a mi alrededor. Bueno, a nuestro alrededor. Tanto que, son las seis y media y Eliot aparece al lado nuestro.
            -¿Alison? –dice Eliot en un tono un tanto furioso.
            -Oh Dios, ¿qué hora es? Lo siento…
            -Las seis y media. Ya no nos da tiempo a llegar a la película que quería ver –dice en un tono de despecho.
            -Bueno, lo siento Drew, me tengo que ir –digo mientras me levanto rápidamente y me voy al lado de Eliot.
            Los dos empezamos a caminar en dirección al coche. No sé qué decir, estoy totalmente avergonzada. Pero Eliot parece realmente enfadado.
            -¿A qué se debe ese plantón y encima con otro chico? ¿Quién es?
            Parece mucho más enfadado de lo que yo me temía.

26 noviembre, 2011

"Lágrimas Sobre Mi Guitarra" Capítulo 15

Capítulo 15

  Increíble que últimamente toda mi vida se resuma en torno al hospital Allegheny. Piso el acelerador mientras me hago a la idea de la posibilidad de encontrarme en el hospital también con la abuela, con mamá dando a luz o Dios sepa.
  Una vez me indican dónde está Eliot, corro hacia allá y cuando lo encuentro le doy un abrazo.
  -¿Qué te ha pasado?
  -No es nada. Me he caído y...
  -¿Te duele mucho?
  -No. No es para tanto -dice al tiempo que sube el brazo para hacerme ver que puede moverlo. Seguidamente, hace una mueca de dolor.
  -Mejor déjalo quieto -le sugiero-. ¿Y quién te ha traído hasta aquí?
  -Es una larga historia. Mejor te la explico de camino a casa.
  -Primero tenemos que buscar a Kat. Creo que está en este hospital.
  -¿Y eso?
  -¡No sé! -exclamo alterada- Su móvil está en su piso pero no me abre la puerta y su vecina me ha dicho que se la llevaron en ambulancia, supuestamente a este hospital.
  -Sí, es una larga historia -susurra Eliot como si no hubiera escuchado lo que le acabo de decir.
  -¿Qué?
  -Nada, vamos a buscarla.

  En todos lados preguntamos por Kat, pero ningún enfermero ni recepcionista sabe decirnos dónde está. Al cabo de media hora, nos rendimos y vamos de nuevo a su casa a buscarla.
  Cuando miro el reloj, veo que son casi las diez de la noche y me altero porque papá y mamá estarán un tanto preocupados.
  Llamamos al timbre y golpeamos la puerta de Kat llamándola a gritos. Al instante, ella abre, totalmente despreocupada, con un plato con algo extraño en su mano derecha. Yo me lanzo a ella y le doy un abrazo.
  -Dios mío Kat me tenías preocupada -casi le regaño-. ¿Dónde estabas? ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué no me cogías el móvil?
  -Cálmate Ali -me sugiere Eliot-. Seguro que Kat tiene una buena explicación.
  -¡Más le vale!
  -Eliot será mejor que te vayas. No me apetece estar con muchas personas en este momento -dice Kat como si nada.
  -¿Qué? -me extraño.
  -Da igual -dice ofendido éste-. Me iré andando tranquilamente.
  -¡No! Tú casa está muy lejos de aquí. Dios. Te acercaré en un momento en el coche y enseguida vuelvo. ¿Kat?
  -Qué...
  -Más te vale abrirme la puerta luego.
  -Sí...

  En poco tiempo, estoy de nuevo en casa de Kat. Por suerte no se demora en abrirme la puerta. Me invita a pasar y ambas nos sentamos en su sofá. Noto que todo está un poco desordenado.
  -¿Por qué no me has devuelto las llamadas? ¿Y dónde estabas? ¿Has estado en el hospital? -le vuelvo a acribillar a preguntas.
  -¿Qué dices tía? ¿Quién te ha dicho eso del hospital?
  -Tu vecina. Esta tarde vine a buscarte y tenías el móvil en casa pero tú no me abrías la puerta. Y tu vecina llegó y me dijo que te habían llevado al hospital en ambulancia.
  -¡Menuda zorra! -exclama Kat.
  -¿Zorra? ¿Quién?
  -La zorra de mi vecina.
  -Kat no digas tacos.
  -Maldita... ¡aaaarg! -se desahoga Kat.
  -Tía, no entiendo nada.
  -Desde que llegué, la tiene tomada conmigo. Ella y sus divinas amigas suelen ensuciar mi rellano, dejarme cartelitos pegados en la puerta, echar mantequilla en el suelo para que me caiga...
  -¿Me hablas en serio?
  -Sí -dice esta vez demasiado cabizbaja.
  -Kat... ¿es eso lo que te pasa? -ella agacha la cabeza, pero no responde- Oye, me puedes contar lo que quieras, ¿vale? Si quieres.
  -¡Es todo! Todo. Estoy harta de mi vida.
  -No digas eso Kat.
  -¿Que no diga eso? ¿Por qué? Porque tú eres delgada, alta, guapa, lista, educada... eres perfecta. ¿Y yo qué soy al lado tuya? Soy tu amiga la albóndiga.
  -Kat yo... -no sé qué decir. Me devano los sesos intentando encontrar las palabras adecuadas- Lo siento. No sabía que te sintieras mal por mi culpa.
  -No es tu culpa tía. Soy yo. Me siento una mierda.
  -Hey, si de algo me he dado cuenta desde que te conozco es de que eres una gran persona. ¿Qué importa lo demás?
  -Soy una gran persona físicamente.
  -Déjalo. No digas más esas cosas tan estúpidas -nos quedamos las dos calladas, mientras yo miro cómo caen las lágrimas de Kat sobre su regazo-. ¿Quieres que te cuente algo realmente estúpido?
  -Si eso me va a ayudar...
  -Ya te lo dije una vez, pero creo que no me creíste. Aparte de mi familia y mis juguetes -digo juguetes refiriéndome a mi guitarra-, yo nunca he tenido amigos. Yo no he sabido hasta ahora lo que era salir con amigos, ir de fiesta, contar confidencias... Eliot y tú sois las primeras personas en mi vida que considero mis amigos -ahora ella me escucha atentamente-. No me sirve de nada ser delgada y alta si no puedo encontrar gente que merezca la pena. Tú sin embargo eres una chica muy sociable, y seguramente, sino fuera por ti, ahora mismo no estaríamos aquí juntas.
  -¿Eras una... pardilla? -bromea aún con lágrimas en los ojos.
  -¡Sí! Era la más pardilla de todas. Las pocas veces que me juntaba con mis compañeros era con los de la banda de música.
  -¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos? -pregunta ahora Kat.
  -Pues desde que comenzó el curso -intento recordar-. Hace ya casi tres meses, ¿no?
  -Sí. Más o menos. Gracias tía -dice esta vez esbozando una sonrisa-. Eres una de las pocas personas que de verdad merecen la pena.
  -Es lo que yo siento contigo -le confieso-. Oye, ¿hay algún problema con Eliot? -me atrevo a preguntarle.
  -Bueno. No es un problema realmente, creo que es un mal entendido. ¿Te ha contado lo de su brazo?
  -Oh, mierda. Con tanto ajetreo intentando encontrarte al final no me ha contado nada.
  -Tiene que ver conmigo.
  -¿Le has pegado a Eliot y le has roto un brazo? -pregunto un tanto sarcástica.
  -No soy tan fuerte -se ríe ella-. Es una extraña historia.
  -Pero, si tú esta mañana viniste a clase... pero Eliot no. Y... puf, no entiendo nada.
  -El caso es que Steven fue a buscar a Eliot esta mañana para hablar.
  -¿Para hablar de qué?
  -De mí. De un supuesto malentendido que hubo hace dos sábados.
  -Sí. ¿Y? -la animo a que continúe.
  -No sé. Creo que las cosas se liaron. Ambos se enfadaron muchísimo y no han ido a clase. Cuando llegué al medio día a casa, los dos estaban esperándome aquí.
  -¿En serio?
  -Sí. Entramos y comenzamos a hablar...
  -¿De qué?
  -Del tema de Steven y de mí. Al final, no sé cómo, Steven acabó atacando a Eliot y...
  -¿Ha sido Steven quien le ha hecho eso a Eliot? -la corto.
  -Más o menos. Steven le dio un empujón a Eliot y éste se cayó al suelo. Al caer se rompió la mano. Entonces yo me puse a llorar muchísimo. Tampoco entendía nada. Y sigo sin entenderlo. Eliot se fue corriendo al hospital y de Steven no sé nada más. Oye no me apetece hablar más de este tema -dice con la voz triste.
  -Está bien. No te preocupes -la tranquilizo-. ¿Quieres que me quede a dormir? Así te ayudo a organizar esto un poco y... -paro y me sale una risita.
  -¿Y qué? ¿De qué te ríes? -pregunta Kat contagiándose de mi risa.
  -Y le gastamos una broma de mal gusto a tu vecina. Ya sabes, para que te deje en paz.
  -Me gusta este plan.
  -¿Pizza, peli, palomitas y broma?
  -Cambio la pizza y las palomitas por una ensalada ligera. Lo demás está hecho.
  -Para mí pizza y para ti ensalada. Y para la vecina venganza.
  Ambas nos echamos a reír. Después de un rarísimo día, no va a acabar tan mal. Llamo a casa para decir que me quedo a dormir con Kat. Me extraña que ni papá ni mamá pongan pegas, pero lo agradezco. Esta va a ser mi primera noche de amigas. A pesar de todo, ahora me siento bien.