Capítulo 4
De vuelta a casa la luz del Sol empieza a esconderse. Creo recordar que en las noticias anunciaron tormentas de verano para los próximos días. Si empieza a llover ahora no me apetece salir de nuevo de casa. Me gusta la lluvia, pero cuando la veo a través de la ventana. No me gusta mojarme y mucho menos sentir la ropa húmeda contra mi piel. Me produce cierto desagrado.
Nada más entrar en casa, mamá ya está esperándome con bolso en una mano y paraguas en la otra.
-Hija, no pongas esa cara.
Sonrío un poco, pero intento poner cara de compasión.
-Sabes que no me gusta la lluvia... -mamá no dice nada al respecto, está centrada buscando su móvil. Cambio de tema- La tienda en la que he estado... había ropa de premamá.
Mamá entonces se ríe irónicamente.
-No pienso comprarme ropa usada.
-La he estado mirando, no parecía estar tan usada. Tampoco parecía muy “horrorosa”, ¿sabes? Quiero decir que era moderna, por decirlo de algún modo.
-Bueno cariño, iremos allí entonces si no encuentro algo que me guste en el centro comercial.
-En fin, siempre puedes revenderla tú cuando ya no te haga falta -digo tras unos segundos de reflexión.
-Exacto -y con esto, mi embarazadísima madre pone fin a esta conversación.
Los precios de las prendas para las embarazadas en el centro comercial me escandalizan. Voy tras mamá haciendo como que busco algo de mi agrado para ella.
-¿Qué día empiezas las clases?
-Creo que el veintinueve.
-¿No hará demasiado calor?
-Bueno, hoy en día todos los centros de enseñanza tienen aire acondicionado, calefacción y todo eso que en tus tiempos no había.
-Ya... necesitarás material supongo.
-Oh, sí. Bueno, en realidad pensaba comprarme algunas libretas y folios con algo que tengo ahorrado...
-Anda, iremos ahora después. Pago yo.
-Bueno, no me voy a oponer a eso -bromeo con ella.
Se ríe y me da un pequeño empujón.
-¿Por qué hay ropa tan sofisticada para las embarazadas? La gente cuando ve a una se fija en su barriga, no en su ropa.
-Pero también nos gusta vestir bien durante el embarazo -exclama mamá entre risas-. Aunque a veces he visto a algunas que... -esta conversación me hace pensar que a veces es agradable pasar ratos así con mamá. Pero ella vuelve al tema de la universidad- ¿Estás nerviosa por las clases?
-La verdad es que no. Será como el instituto.
-¿Te refieres a que irás completamente “a tu bola”?
-No sé mamá... -abre la boca para hablar pero antes de que le dé tiempo, sigo con mis palabras- Esta vez me gustaría conocer gente.
-¡Y a mí me gustaría que me hablaras de chicos!
-Si me gustara algún chico, no tendría muy claro hablarte de él.
-Yo confío en que sí.
-Y eso es debido a... -la miro esperando que termine mi frase.
-A que ya no escribirás canciones hablando de todo lo que te rodea en vez de contármelo a mí.
No digo nada. Sencillamente, no sé qué responder a eso.
-Hija -se para frente a mí y me coge de las manos-, llevo mucho tiempo esperando que des este paso.
-¿Te alegra que haya renunciado a algo que me gusta?
-No -exclama en un tono de verdadera compasión-. No me alegra para nada que hayas renunciado a algo que te hacía feliz. Lo que me alegra es que hayas tomado una decisión madura. Mira Alison, lo has intentado, durante mucho tiempo y con muchas ganas, y si no lo has conseguido, es porque no es realmente lo que el destino tiene guardado para ti y para tu felicidad futura.
La escucho atentamente mientras noto cómo la garganta me empieza a picar y los ojos se me humedecen. Entonces, agacho la mirada para evitar encontrarme con la suya. Ella me suelta una de las manos y apoya su palma en mi mejilla mientras me seca una lágrima con el pulgar.
-Lo sé, mamá -intento por todos los medios aguantar el llanto y mi voz se nota quebradiza.
-Verás como a partir de ahora todo va a ir mejor incluso que antes -me intenta tranquilizar, lo cual es algo que a mamá siempre se le ha dado bien a la hora de consolar.
La miro, le sonrío y no hablamos nada más al respecto. Continuamos nuestra tarde de compras que me resulta bastante agradable y me anima mucho.
Pero ninguna tarde agradable consigue olvidarme de mi pasión. Es como cuando un deportista se lesiona y no puede volver a jugar, como cuando una madre deseosa de dar a luz una nueva vida descubre que no puede, como cuando a un niño le arrebatan su más preciado juguete, como cuando tu alma gemela te dice que no te ama... como se sentiría cualquiera de estas personas, igual me siento yo: vacía.