No sé si el universo permitiría llamar a esto locura, porque tal vez sea obsesión, y locura es cuando me enamoré locamente. Aunque no lo quise, ni tú tampoco, no pudimos remediar unirnos con esas esposas transparentes que creíamos que no nos separarían, hasta que la irremediable distancia las quebró. Igual el único regalo que esperamos del otro es un "te quiero", pero no comprendo por qué a los dos nos cuesta entregarlo. No sé si tú andas lunático buscando las piezas sueltas que se empiezan a romper de este puzzle, pero yo me mantengo haciendo lo posible por mantenerlas unidas, y puede que para siempre.
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11 noviembre, 2014
Y puede que para siempre
No sé si el universo permitiría llamar a esto locura, porque tal vez sea obsesión, y locura es cuando me enamoré locamente. Aunque no lo quise, ni tú tampoco, no pudimos remediar unirnos con esas esposas transparentes que creíamos que no nos separarían, hasta que la irremediable distancia las quebró. Igual el único regalo que esperamos del otro es un "te quiero", pero no comprendo por qué a los dos nos cuesta entregarlo. No sé si tú andas lunático buscando las piezas sueltas que se empiezan a romper de este puzzle, pero yo me mantengo haciendo lo posible por mantenerlas unidas, y puede que para siempre.
02 noviembre, 2014
Y es por eso que rompí contigo
Esta carta se la escribo a la que una vez fue mi amiga, porque me encantaría hacerle saber por qué ya no lo somos. Sí, estamos juntas en clase, el motivo por el que nos conocimos, y me cruzo contigo casi todos los días, pero si nos decimos "hola" es por educación. Hubo un tiempo en el que dejaba mi asiento para ocupar el que estaba al lado tuyo, en el que pasábamos las horas riéndonos y hablando. Nos encantaba ir a Mcdonald's y a Burger King y atiborrarnos de los menús ahorro y de helados. Se nos marchaban las tardes enteras mirando las tiendas de ropa. No éramos muy parecidas, más bien polos opuestos, pero dicen que se atraen, ¿no? No nos gustaba la misma música, no teníamos las mismas aficiones, pero nos compenetrábamos con las pocas cosas que teníamos en común, y de alguna manera, éramos felices, éramos amigas. Sí, teníamos la confianza que una amistad necesita tener, era una confianza más o menos bonita. Poco a poco nuestra relación fue desarrollándose, como si de una pareja amorosa se tratase. Yo empecé a ver cosas en ella que ya no me gustaban tanto. Ella sólo hablaba de lo "perfecta y guapa" que es y de lo "imperfectos" que son los demás. Ella me negaba todo lo que yo quería, y ante un debate, nunca había un fifty-fifty, simplemente yo tenía que darle la razón. En fin... empezamos a tener problemas, como si de una pareja amorosa se tratase. ¿Que cómo me di cuenta de que debía "romper" con ella? Cuando me empezó a producir más llantos que risas, cuando me di cuenta de que no me respetaba, que ni siquiera respetaba a los que ella sabía que yo quiero. Cuando me di cuenta de que yo para ella nunca fui una amiga, simplemente alguien a quien manejar, solo alguien que llenaba ese vacío que todos dejaban, eso, vacío. Y es por eso que, aunque a veces me da pena por lo que un día creí que éramos, rompí contigo.
Os dejo esta canción que me encanta, al igual que el vídeo en sí. No es una relación amorosa la que yo tenía, pero me parece curioso compararla con una relación de amor.
13 mayo, 2014
Viajes con final
Sé que en la vida se extrañan cosas. Te vas, se van, caminos que se separan. Y la vida te obliga a olvidar sin quererlo. No tenemos más remedio que recordar y echar de menos, hasta que los vacíos cierran puertas o se rellenan con otras personas, sentimientos o cosas. Pero mientras, el vacío es dolor, y no hay peor dolor que uno correspondido. Son esas veces que nos alejamos el uno del otro sin desearlo, porque nos encontramos en un momento puntual y en un lugar ajeno. Y aun sabiendo que acabaría, decidimos unir nuestras vidas durante un período de tiempo determinado, marcando nuestro inicio y nuestro final sin quererlo, siendo conscientes del vacío de después. Solo nos queda una regla de consolación: "aprovechemos el tiempo juntos". Pero yo tengo reglas que nadie más conoce: "míralo hasta caer rendida, no le sueltes la mano hasta que sea irremediable, abrázalo siempre que tengas oportunidad, bésalo hasta que la imposibilidad de hartarte llegue y díselo todo". Incluso si tienes que decirle que le quieres.
13 marzo, 2014
Querida Claudia
Querida Claudia,
Siento mucho no haber hablado contigo antes, y no me refiero a no haberte escrito antes, sino a no haberte dicho a tiempo lo que sentía. Puede que ya sea tarde, demasiado tarde. Bueno, sé que lo es. Pero he de hacértelo saber igualmente.
Cuando te vi la primera vez, me pareciste guapa. No sabes cuánto tiempo estuve comiéndome el tarro por sacar algún tema de conversación contigo, cosa que finalmente no logré. Quería hablarte, pero no encontraba la manera, y no sabía por qué. Cuando te fuiste y no te despediste, algo en mí se quedó derrumbado. Sé lo que estarás pensando ahora, que soy un exagerado porque nos acabábamos de conocer. pero es la verdad. Algo en ti me llamó la atención.
Cuando te vi la segunda vez, los nervios me comían, la voz me temblaba, ni siquiera podía mirarte a la cara.
Cuando te vi la tercera vez... bueno, ya sabes qué pasó. Hacía tanto tiempo que no besaba a nadie que sentí como si fuera mi primer beso de nuevo.
Cuando nos vimos todas las siguientes veces, hasta la última, cada vez me fui enamorando de ti, más y más.
El problema es que nunca te dije nada. Me limité a besarte y a tomarte y no entendía que necesitabas otros gestos y otras palabras. No te dije que me gustaste desde la primera vez que te vi, y que también quise besarte desde esa primera vez. No te dije que a mis brazos les faltaba algo cada vez que no te abrazaban, que a mis ojos les faltaba visión si no te miraban y que mis labios se sentían indefensos sin tus besos. No te dije que deseaba con todas mis fuerzas que aquello nunca acabara, aunque sabía de sobra que aquel viaje tenía un final. No te dije que te quería...
Perdón, he estado escribiéndote en pasado, pero todo esto es presente. Te empecé a querer, te quería entonces y todavía lo hago. Y estoy seguro de que te querré durante mucho más tiempo. Estoy tan afligido por no hacerte saber tantas cosas... y me duele que tú tampoco te dieras cuenta.
Sé que todos tus sentimientos estaban a punto de salir de tu boca cada vez que estábamos juntos, pero que no te atrevías porque no querías asustarme, o quedar como una tonta. Yo no soy de decir estas cosas, sabes que me cuesta expresarme, y eso no cambiará.
Aún así, aquí estoy, diciéndote esto, que no es ni la mitad de lo que me gustaría decirte. Fuiste mi amiga, mi enamorada, y me hiciste pasar el mejor tiempo de mi vida.
Te quiero. Te quiero como no te puedes imaginar.
Elián.
Siento mucho no haber hablado contigo antes, y no me refiero a no haberte escrito antes, sino a no haberte dicho a tiempo lo que sentía. Puede que ya sea tarde, demasiado tarde. Bueno, sé que lo es. Pero he de hacértelo saber igualmente.
Cuando te vi la primera vez, me pareciste guapa. No sabes cuánto tiempo estuve comiéndome el tarro por sacar algún tema de conversación contigo, cosa que finalmente no logré. Quería hablarte, pero no encontraba la manera, y no sabía por qué. Cuando te fuiste y no te despediste, algo en mí se quedó derrumbado. Sé lo que estarás pensando ahora, que soy un exagerado porque nos acabábamos de conocer. pero es la verdad. Algo en ti me llamó la atención.
Cuando te vi la segunda vez, los nervios me comían, la voz me temblaba, ni siquiera podía mirarte a la cara.
Cuando te vi la tercera vez... bueno, ya sabes qué pasó. Hacía tanto tiempo que no besaba a nadie que sentí como si fuera mi primer beso de nuevo.
Cuando nos vimos todas las siguientes veces, hasta la última, cada vez me fui enamorando de ti, más y más.
El problema es que nunca te dije nada. Me limité a besarte y a tomarte y no entendía que necesitabas otros gestos y otras palabras. No te dije que me gustaste desde la primera vez que te vi, y que también quise besarte desde esa primera vez. No te dije que a mis brazos les faltaba algo cada vez que no te abrazaban, que a mis ojos les faltaba visión si no te miraban y que mis labios se sentían indefensos sin tus besos. No te dije que deseaba con todas mis fuerzas que aquello nunca acabara, aunque sabía de sobra que aquel viaje tenía un final. No te dije que te quería...
Perdón, he estado escribiéndote en pasado, pero todo esto es presente. Te empecé a querer, te quería entonces y todavía lo hago. Y estoy seguro de que te querré durante mucho más tiempo. Estoy tan afligido por no hacerte saber tantas cosas... y me duele que tú tampoco te dieras cuenta.
Sé que todos tus sentimientos estaban a punto de salir de tu boca cada vez que estábamos juntos, pero que no te atrevías porque no querías asustarme, o quedar como una tonta. Yo no soy de decir estas cosas, sabes que me cuesta expresarme, y eso no cambiará.
Aún así, aquí estoy, diciéndote esto, que no es ni la mitad de lo que me gustaría decirte. Fuiste mi amiga, mi enamorada, y me hiciste pasar el mejor tiempo de mi vida.
Te quiero. Te quiero como no te puedes imaginar.
Elián.
24 enero, 2014
Despedida
Otra vez, había estado más que decidida de que partir sería formidable, pero otra vez se equivocaba. Los nervios de las despedidas de aquella primera vez, que creía haber afrontado, se volvían a repetir en forma de llanto. Pero entonces era una tristeza diferente, porque conocía con franqueza el auténtico significado de una despedida. Un adiós podía ser frío, cariñoso, ardiente, desinteresado, cotidiano, desolador... un adiós podía ser para volver a encontrarse antes o después o para siempre. Un adiós podía ser sin saber que era un adiós para siempre. Y esa despedida era la que más miedo le daba, una despedida eterna sin saber que lo sería.
24 octubre, 2013
Abrazaros y no soltaros jamás
<<¡Vaya! Hacía mucho tiempo que no venía a casa de los abuelos. ¿Dónde estarán ellos? Quizá hayan salido a dar uno de sus largos paseos. Lo que sí hay por todas partes son mis juguetes. La abuela se va a enfadar conmigo si no lo recojo todo antes de que vuelvan. Todos estos peluches... ¿son nuevos? No, no. Me suenan de algo. Ah, claro, son los peluches que la abuela colecciona sobre la cama que me prepara para dormir cada vez que vengo. ¿Cómo había olvidado todos estos objetos? ¿Y esto? Mi caja de colores. ¡Qué desordenados están! ¡Oh! Mi libro de Alicia en el País de las Maravillas. Siempre ha sido mi cuento favorito. Siento como si hiciera mucho tiempo que no me paro a mirarlo, qué sensación tan extraña...>>
Y tras estos breves recuerdos, desperté y me di cuenta de que sólo eran recuerdos, los mismos que tengo cada día. Después, un día más, me volví a lamentar por el tiempo que hace que no estáis, unos más y otros menos, por el tiempo que perdí y no estuve a vuestro lado. Siento que pensarais que ya no me importabais. De hecho, me seguís importando como casi nadie más lo hace. Me gustaría que hubierais visto más de mí. Me gustaría que hubierais seguido enseñándome. Me gustaría abrazaros y no soltaros jamás...
14 octubre, 2013
Una máscara sincera
Siempre oculta tras capas de inseguridad, buscando las palabras perfectas que nunca surgen de su garganta. Observadora, tímida, silenciosa, tal vez demasiado cobarde. Una soñadora innata que solo se dedica a esperar a los demás. Demasiado temerosa como para aportar su valoración, acatando siempre lo que los demás quieren. Conformista por fuera, rebelde en su corazón. Ansiando siempre decir tantas cosas y callándolo todo a la vez.
"Ojalá fuera osada, ojalá fuera convincente, ojalá fuera audaz, ojalá fuera atrevida..." Se dice a sí misma. Pero su forma de ser es lo que la hace única, para bien y para mal. Y ser único es ser uno mismo, a pesar de los defectos y las virtudes, de las carencias y las abundancias. Tal y como es, es como los demás la quieren, y quien desee que cambie, es que no la quiere de verdad.
24 septiembre, 2013
Un te quiero y un te amo
Existe una finísima línea entre un "te quiero" y un "te amo". Ambos sentimientos similares, pero en proporciones demasiado diferentes. Ambos son fáciles y difíciles de pronunciar al mismo tiempo, pero dispersan un afecto diferente, aunque afecto al fin y al cabo. Algunos son verdaderos, otros ficticios. Algunos son sinceros y otros hipócritas. Se dicen en la distancia y en la cercanía. Se dicen en la riqueza y en la pobreza. Se demuestran con actos o con regalos. Se dicen desde las primeras palabras hasta el último suspiro. Algunos sólo lo piensan, otros lo gritan a los cuatro vientos. Se dice con frecuencia o inusualmente. Pero ambos son tan parecidos y tan distintos a la vez, que pocas personas saben diferenciarlos.
23 septiembre, 2013
En el tren
Eran ya casi las diez de la noche y se disponía a subir al tren que la llevaría a su nueva casa. Estaba discutiendo con su amiga si ese era el tren que debían coger o no, cuando alguien dijo algo en portugués que no entendían.
-¿Perdona? No entiendo -se disculpó.
-¿Español? -preguntó el chico. Tenía cara generosa, pero muy aniñada, a pesar de que parecía tener unos veinte o veinte y algo.
-Sí -asintió secamente. Al lado del chico se situaba su amigo, atento a la situación.
A ella no le gustaba especialmente el aspecto de este último, aunque, como siempre, se repitió para sus adentros: "a lo mejor el que tiene la peor pinta es la persona más buena del mundo".
-¿Éste va para São João? -preguntó el chico esta vez en su idioma.
-Mmm... creemos que sí, aunque no estamos seguras -los cuatro se pararon a mirar durante un momento las líneas del tren dibujadas en un cartel y finalmente subieron.
-Si queréis os avisamos cuando llegue vuestra parada -les advirtió el chico.
-No, gracias -dijo ella amablemente-. Sabemos cuándo es. Gracias -repitió, y le dedicó una sonrisa.
Las amigas caminaron hasta el final del vagón y se sentaron. Después observaron que ellos se sentaron próximos. Segundos después, el otro se levantó y comenzó a cantar algo extraño y a dar vueltas por el vagón. Eso las inquietó mucho. Se estuvieron fijando en los tatuajes y piercings que éste llevaba, y también en su desaliñada vestimenta. El chico no dejaba de caminar para un lado y para otro y de mirar fijamente a otros pasejeros. Se acercó a una señora y comenzó a hablarle. Él y el otro chico se reían de vez en cuando.
Su amiga no dejaba de decirle que no le daban buena impresión y ese tipo de cosas. Después siguió hablándole todo el trayecto sobre picaduras de mosquitos, la ropa que se había comprado y algunas de las tantas cosas que a ella le solían aburrir. Se limitaba a asentir con la cabeza y decir cosas como "claro" y "mmm".
Lo que en realidad estaba observando, era que aquellos chicos no dejaban de mirarlas. Los veía reflejados en el cristal, así que podía disimular.
No sabía por qué, pero el chico le atraía de alguna u otra forma. Llevaba el pelo castaño largo recogido en una coleta baja, cosa que no le gustaba nada. Una camiseta cualquiera, rota en la parte de atrás. Y no dejaba de mirar el móvil y escribir en él, cosa que odiaba de las personas. Pero, igualmente, le gustaba su rostro y las pocas palabras que había cruzado con él.
-¡Achís! -estornudó ella tapándose la boca. Sus estornudos eran menudos y chillones, como si fuera un chihuahua ladrando.
-Salud -le dijo el chico desde el otro lado.
-Ella se quedó tan extrañada, que lo miró y al rato sonrió levemente, sin saber qué decir.
Después, su parada se aproximaba, y ella seguía observándolo, ahora ya sólo a él, a través del reflejo del cristal. Recordó la película "Antes del amanecer", que tanto le gustaba, y recordó cómo los protagonistas se conocían en un tren.
Sueños fugaces empezaron a pasar por su mente: el chico le da su número, le pregunta su nombre, la invita a un helado...
Llegaron las diez y veinte, la hora de bajarse del tren.
Las amigas emprendieron su camino hacia casa.
-¡Oye! -gritó el chico a sus espaldas. Ellas se giraron para escucharlo-. Es por aquí -dijo finalmente indicándoles la salida de la estación.
-¿Perdona? No entiendo -se disculpó.
-¿Español? -preguntó el chico. Tenía cara generosa, pero muy aniñada, a pesar de que parecía tener unos veinte o veinte y algo.
-Sí -asintió secamente. Al lado del chico se situaba su amigo, atento a la situación.
A ella no le gustaba especialmente el aspecto de este último, aunque, como siempre, se repitió para sus adentros: "a lo mejor el que tiene la peor pinta es la persona más buena del mundo".
-¿Éste va para São João? -preguntó el chico esta vez en su idioma.
-Mmm... creemos que sí, aunque no estamos seguras -los cuatro se pararon a mirar durante un momento las líneas del tren dibujadas en un cartel y finalmente subieron.
-Si queréis os avisamos cuando llegue vuestra parada -les advirtió el chico.
-No, gracias -dijo ella amablemente-. Sabemos cuándo es. Gracias -repitió, y le dedicó una sonrisa.
Las amigas caminaron hasta el final del vagón y se sentaron. Después observaron que ellos se sentaron próximos. Segundos después, el otro se levantó y comenzó a cantar algo extraño y a dar vueltas por el vagón. Eso las inquietó mucho. Se estuvieron fijando en los tatuajes y piercings que éste llevaba, y también en su desaliñada vestimenta. El chico no dejaba de caminar para un lado y para otro y de mirar fijamente a otros pasejeros. Se acercó a una señora y comenzó a hablarle. Él y el otro chico se reían de vez en cuando.
Su amiga no dejaba de decirle que no le daban buena impresión y ese tipo de cosas. Después siguió hablándole todo el trayecto sobre picaduras de mosquitos, la ropa que se había comprado y algunas de las tantas cosas que a ella le solían aburrir. Se limitaba a asentir con la cabeza y decir cosas como "claro" y "mmm".
Lo que en realidad estaba observando, era que aquellos chicos no dejaban de mirarlas. Los veía reflejados en el cristal, así que podía disimular.
No sabía por qué, pero el chico le atraía de alguna u otra forma. Llevaba el pelo castaño largo recogido en una coleta baja, cosa que no le gustaba nada. Una camiseta cualquiera, rota en la parte de atrás. Y no dejaba de mirar el móvil y escribir en él, cosa que odiaba de las personas. Pero, igualmente, le gustaba su rostro y las pocas palabras que había cruzado con él.
-¡Achís! -estornudó ella tapándose la boca. Sus estornudos eran menudos y chillones, como si fuera un chihuahua ladrando.
-Salud -le dijo el chico desde el otro lado.
-Ella se quedó tan extrañada, que lo miró y al rato sonrió levemente, sin saber qué decir.
Después, su parada se aproximaba, y ella seguía observándolo, ahora ya sólo a él, a través del reflejo del cristal. Recordó la película "Antes del amanecer", que tanto le gustaba, y recordó cómo los protagonistas se conocían en un tren.
Sueños fugaces empezaron a pasar por su mente: el chico le da su número, le pregunta su nombre, la invita a un helado...
Llegaron las diez y veinte, la hora de bajarse del tren.
Las amigas emprendieron su camino hacia casa.
-¡Oye! -gritó el chico a sus espaldas. Ellas se giraron para escucharlo-. Es por aquí -dijo finalmente indicándoles la salida de la estación.
22 septiembre, 2013
¿Por qué no odio los domingos?
Mientras los demás se tomaban la aspirina para el dolor de cabeza, ella escribía sus sueños en papel.
Mientras los demás intentaban recordar la noche anterior, a ella le surgían nuevas ideas en la cabeza.
Mientras los demás buscaban remedios contra la resaca, ella buscaba una buena historia que leer.
Mientras los demás volvían a dormir en la tarde, ella veía una película romántica.
Mientras los demás maldecían el día siguiente, ella lo dejaba todo preparado para el mismo.
Mientras los demás desperdiciaban el día, ella lo aprovechaba al máximo y sin aburrimiento.
Ésas eran las razones por las que todo el mundo odiaba los domingos, menos ella.
Rara
Muchas veces se paraba a pensar en los demás: en lo que hacían, en lo que les gustaba, en cómo vestían... Y se preguntaba por qué ella era diferente.
Sabía que la gente lo había comentado a sus espaldas: era rara. Incluso se lo habían dicho personalmente. Pero, ¿por qué? Odiaba el alcohol, prefería una noche en casa que en una discoteca, jamás había probado un cigarro, le gustaba leer y dibujar, le gustaba soñar... ¿tan malo era eso?
Reflexionando una y otra vez sobre lo mismo, sacó una conclusión: "no soy rara, sino especial y diferente; no soy friki, simplemente no soy un borrego más del rebaño. No tiene por qué gustarme todo lo que a los demás les gusta. Que me llamen rara, friki, y todo lo que quieran... mi rareza es mi felicidad."
Sabía que la gente lo había comentado a sus espaldas: era rara. Incluso se lo habían dicho personalmente. Pero, ¿por qué? Odiaba el alcohol, prefería una noche en casa que en una discoteca, jamás había probado un cigarro, le gustaba leer y dibujar, le gustaba soñar... ¿tan malo era eso?
Reflexionando una y otra vez sobre lo mismo, sacó una conclusión: "no soy rara, sino especial y diferente; no soy friki, simplemente no soy un borrego más del rebaño. No tiene por qué gustarme todo lo que a los demás les gusta. Que me llamen rara, friki, y todo lo que quieran... mi rareza es mi felicidad."
21 septiembre, 2013
Extrañar
Aparentemente estaba bien. Aparentemente... incluso ella misma creía estarlo. Se sentía tan segura, creía ser tan independiente y solitaria, que no imaginaba que los recuerdos llegarían tan pronto y tan ininterrumpidos en momentos puntuales. Día tras día, estaba descubriendo lo que era extrañar de verdad. Ahora recordaba todas aquellas veces que le había dicho a un chico o a sus amigas que los echaba de menos, cuando sólo llevaba días o incluso tan sólo horas sin verlos... y se sentía tan tonta. No puedes extrañar a alguien realmente hasta que no dejas de tenerlo durante mucho tiempo seguido, hasta que no puedes comunicarte con esa persona cada vez que lo desees, hasta que te encuentras a kilómetros y kilómetros de ella, o hasta cuando sabes que no la volverás a ver, porque se fue, se fue para siempre.
Y mientras recordaba y extrañaba, algunas gotas saladas se le escapaban mientras intentaba contener la respiración y luchaba con todas sus fuerzas por ser resistente y dura.
03 septiembre, 2013
Deseos en París
Tenía ganas de perderse por las calles de una nueva ciudad, dar vueltas y vueltas sin tener noción del tiempo, cruzarse con desconocidos, no sentirse observada, percatarse tan solo de la música que la acompañaba entre sus auriculares... hasta llegar al lugar de partida.
Quería captar momentos con su cámara, de lugares mágicos como si fuera la primera en fotografiarlos. Encontrar un parque y enterrarse en el césped para observar la multitud. Pararse a acariciar simpáticos perros de desconocidos. Sonreír a los ancianos. Leer sentada en un banco.
Tantas cosas quería hacer... tantas cosas que por fin había conseguido.
31 agosto, 2013
Un beso
Allí sentada, bajo un sol y una nube de calor febril al que no estaba acostumbrada en París, se encontraba observando aquella torre que tanto adoraba y que había sido protagonista de tantas historias de amor en su cabeza. Miles de circunstancias se hacían dueñas de su imaginación diariamente, pero ella ya empezaba a estar cansada de todas las aventuras que nunca se cumplían...
Así que se puso en pie, respiró hondo al son del viento, hasta que sus pulmones se llenaron al máximo y, tras un suspiro, se quitó el sombrero y lo dejó marchar con la brisa. De esta suerte, sus ideas volarían y le dejarían cabida al gran beso que urgía dar al que era protagonista de cada una de esas historias.
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