
Prólogo: Es mi noche para vivir
Gabriela salió de la tienda con
una bolsa llena de lápices de pintura corporal de color gris y algunos más
negros y blancos.
Llevaba esperando esa noche todo un
año. Más de una vez se había parado a pensar en lo extraño que era todo, pero rápidamente
se olvidaba a causa del enorme deseo que sentía de que aquello ocurriera.
Antes de doblar la esquina de su
calle, se bajó la falda remangada todo lo que pudo hasta casi llegarle a las
rodillas y se abrochó la blusa hasta el último botón.
—Buenas tardes, señor Gutiérrez
—saludó excesivamente cortés a su vecino, que la observaba al caminar desde
detrás de la cortina.
«Viejo salido de mierda», pensó.
Aún así, le gustaba. Sabía que, a pesar de la vestimenta puritana, con su
libido conseguía atraer las miradas de todo el mundo, incluso de alguna que
otra mujer.
—¡Hola mamá! —saludó desde la
puerta al entrar, asegurándose de que su falda no traspasaba los límites
permitidos por sus padres.
La madre de Gabriela salió
rápidamente de la cocina para evaluar a su hija. Un solo detalle fuera de lo
autorizado y tendría que guardar el disfraz de Halloween que venía de comprar
para la fiesta de esta noche.
