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27 mayo, 2016

Esquivando la negatividad

Hoy llevan resonando en mi mente unas palabras una y otra vez

Como cuando te dicen "ya no te quiero", o "estás despedido"

Unas palabras semi-trágicas que no he podido soportar

Me han hecho llorar

Mamá me ha dicho que no me preocupe

Papá me ha dicho que ya llegará mi momento

Pero yo no he podido dejar de lamentarme

¿Y si el momento era éste?

¿Y si el tren ha pasado para no volver?

Y así es como en un día soleado he llevado una nube gris sobre mí

Sin dejar de repetirme que la oportunidad ya se fugó

Sintiéndome inútil, sintiendo que nunca alcanzaré la cima

Pero entonces he sabido de otras malas noticias

Noticias ajenas, que no me hacen llorar directamente

Noticias mucho peores que, por no ser personales, no me afectan tanto

Y he pensado que siempre va a haber alguien que esté peor que yo

Y que si yo no soy capaz de superar lo mío, no voy a poder ayudar a superar los problemas ajenos

No es el fin del mundo, aunque así lo sienta

No puedo quedarme estancada a mitad de la escalera

Porque el resto de escalones están ahí, esperando para ser alcanzados

Y quizás yo sea un pilar fundamental para tirar de la pesadez de otros problemas

Para ayudar a otras personas a superar sus problemas

Para coger a otros de la mano e invitarles a ser fuertes

Así que, finalmente, he puesto un pie en el siguiente escalón

Y me he dicho a mí misma que no me puedo dejar influenciar por un día negativo

Porque un día negativo, puede tener consecuencias negativas en el mañana

Y la vida ya es suficientemente negativa a veces como para que nosotros nos dejemos llevar por más negatividad. 





21 marzo, 2016

Pequeñas cosas

Pensemos en las pequeñas cosas que pueden dar un giro tremendo a nuestras vidas.

Regalar una sonrisa.
Perder un autobús.
Perderse en una ciudad desconocida.
Soñar despierto.
Enamorarse de libros.
Levantarse temprano.
Abrazar cuando no es necesario.
Dar las gracias.
Pedir perdón.
Pedir permiso, en ocasiones.
Tener valor.
Emborracharse.
Bailar con desconocidos.
Coger la mano de alguien.
Mirar con picardía.
Actuar con desenfado.
Interrumpir en una conversación.
Decir "te quiero" sinceros.
Hablar sin hablar.
Recordar.
Aparecer inesperadamente.
Saludar.

08 marzo, 2016

¿Quién lleva los pantalones en vuestra relación?

Hoy, 8 de marzo o Día de la Mujer, no es un día para felicitar a las mujeres por el hecho de ser mujeres, ni para regalarles flores. Es el día para recordar a las mujeres que murieron luchando por sus derechos como trabajadoras, a las mujeres que proclamaron la igualdad de género, a las mujeres que consiguieron grandes avances y descubrimientos en el mundo y no son tan recordadas como cualquier otro hombre, a las mujeres valientes que lucharon por el voto femenino, a las activistas y a las feministas, a las mujeres que hacen o hicieron una gran labor en nuestro mundo sin ser reconocidas por ello. 

Me duele escuchar cuando alguien dice, sobre todo si es una mujer, que ser feminista es el sinónimo paralelo de ser machista, que ser feminista es el derecho de la mujer por encima de el del hombre. Lo único que hacen es deshonrar la memoria de todas las mujeres arriba mencionadas, al mismo tiempo que insultar a las mujeres feministas actuales. Todos deberíamos saber que una mujer feminista lucha por que la mujer tenga los mismos derechos laborales que el hombre, así como por que el hombre tenga derecho a tener a sus hijos el mismo número de días que su exmujer. Aprendamos de una vez por todas la diferencia entre feminista y hembrista

Con el texto que he escrito a continuación, solo quiero hacer ver a todas las personas que lo lean que tanto hombres como mujeres somos iguales en todos los aspectos



—Y… ¿quién lleva los pantalones en vuestra relación? —le preguntó su amiga, aparentando una cuestión confidencial.

—¿Los pantalones? Bueno, él siempre lleva pantalones, es un hombre y no le gusta llevar falda, como comprenderás —. Ella quiso evadir la pregunta sacada de principios del siglo XX con un sarcasmo absurdo.

Su amiga rió con desgana.

—En mi casa los llevo yo, obviamente. Es la única forma en la que consigo que me ayude.

—¿Que te ayude? ¿Con qué necesitas que te ayude él? —preguntó ella, iniciando el juego del desmantelamiento del machismo omnipresente.

—Ya sabes —respondió su amiga, desinteresada—. Con la casa.

—¿Con la casa? ¿La casa es solo tuya, o es de los dos?

—¡Pero qué tonterías dices! Me ayuda a limpiar, a fregar los platos, a hacer la cama… planchar no se le da bien, aunque a mí tampoco es que se me dé muy bien, pero es una tarea que se queda para mí. A veces también le tengo que insistir un poco para que me ayude a hacer la comida y a poner la mesa, pero la mayoría de las veces suele ceder, aunque a regañadientes.

—Entonces, ¿todas las tareas domésticas son exclusividad tuya? ¿Y él tiene el privilegio de ayudarte? Guau —exclamó ella irónicamente.

—¿A ti no te ayuda tu pareja en las cosas de casa? —preguntó sorprendida su amiga.

—No —dijo ella rotundamente.

—Pues deberías exigirle que te ayudara. Es muy machista por su parte que te lo deje todo a ti —dijo victoriosa su amiga.

—No, no. El caso es que él me ayuda mucho, en muchas cosas. Me ayuda si no puedo resolver algo de mi trabajo, me ayuda a abrocharme una cremallera de un vestido si yo no llego… ¡a veces hasta me ayuda a decidir qué libro nuevo comprarme!

—¿Y en las tareas de la casa? —quiso saber su amiga.

—Nunca. Igual que yo tampoco le ayudo a él.

—¿Qué? —su amiga estaba realmente confusa.

—Ninguna tarea de la casa es competencia absoluta de ninguno de los dos. Yo no le mando hacer la cama por las mañanas, ni le pido ayuda para hacer la comida. Los dos juntos decidimos cuándo es hora de hacer la colada y a veces la hacemos juntos, otras se ofrece él primero y otras lo hago yo. Si él necesita plancharse algo de su ropa, lo hace sin pedírmelo a mí. Normalmente yo hago las cenas, porque salgo antes del trabajo, pero él siempre prepara unos desayunos muy elaborados, y además friega los platos. Él puede ver si hay polvo y sabe dónde está el trapo para limpiarlo. Los dos decidimos qué falta en la nevera y no importa quien vaya a hacer la compra si no podemos ir juntos.

Su amiga estaba tan impresionada que no pudo contestar a toda esa información.

—¿Y sabes cómo decidimos qué ver en la tele? El que coge primero el mando, ¡elige! —bromeó ella—. ¿Entiendes ahora por qué digo que mi pareja no me ayuda nunca en casa? No es su obligación ayudarme, sino compartir esas tareas conmigo. Si compartimos una casa, una vida juntos y hasta un perro, ¿cómo no vamos a compartir también las tareas domésticas? Crecí en una casa en la que éramos dos mujeres y tres hombres, y durante toda mi vida hasta que salí de ahí, he visto cómo mi madre se levantaba a las siete de la mañana, nos preparaba a todos el desayuno, nos llevaba al colegio a mí y a mis hermanos. Mis hermanos y yo comíamos en casa de mis abuelos porque mis padres trabajaban, y cuando volvíamos a casa por la tarde, mi madre siempre estaba limpiando, preparando la cena, ordenando todo, planchando… mientras mi padre descansaba en el sofá. Para colmo, cuando crecí, tuve que soportar que mis hermanos descansaran junto a mi padre después del instituto y yo era obligada a recoger los calcetines que ellos iban dejando tirados por el suelo, a hacer sus camas y a ayudar a mamá en general. ¿No es injusto? Decidí que no quería seguir potenciando esos micromachismos que la sociedad no es capaz de percibir. Siempre he sabido que yo soy una persona normal y corriente, igual que cualquier hombre. Yo tengo un trabajo, tengo una vida, no nací para ser una esclava de otra persona.


No hizo falta ninguna palabra más para que su amiga se diera cuenta de que ella era esa esclava y decidiera cambiar su vida a partir de entonces.

23 enero, 2016

Porque la vida es bella

  Hoy no, no vengo a hablar de amor otra vez, sino de la vida. Porque sí, porque es maravillosa aunque nos la pinten mal. Porque a pesar de que en casa hayamos tenido que apagar los calefactores y sacado las mantas del armario, estamos aquí sentados frente a un ordenador y eso, eso es mucho de agradecer, al menos todavía tenemos un techo en el que cobijarnos. Porque aunque esto pueda ir a peor todavía, podemos reaccionar antes de permitirlo, nada es un caso perdido hasta que uno mismo no lo da como tal y, en esa situación, el caso perdido es uno mismo.
  Porque la vida es maravillosa pero no la sabemos apreciar. Nos quejamos de lo poco que hay que hacer sin saber que hay mil lugares vacíos para visitar. Creemos que lo bonito está allá fuera, en Sevilla, en Barcelona, en París, en Nueva York, pero ni siquiera estamos disponibles a descubrir lo que tenemos al lado.
  Porque ya solo existen las tiendas y las tarjetas de crédito, y no nos acordamos de que también tenemos nuestras manos, un lápiz y un papel para dibujar la más bella dedicatoria. Porque recurrimos antes a un cigarro que a un beso, a una botella de alcohol antes que a un abrazo. Porque utilizamos nuestros dedos más para teclear que para pasar las páginas de un libro. Porque ya no olfateamos ese olor a libro nuevo.
  Porque ya nadie va a regalarte ese CD grabado con sus canciones favoritas, ni tú tampoco lo harás. Porque nadie se presentará en tu puerta con una rosa sin avisar, ni tú tampoco lo harás. Porque valoramos mejor conducir hasta el centro comercial que coger una bicicleta y perdernos en un bosque. Porque no tenemos dinero para salir a cenar con un amigo, pero sí tenemos para el paquete de tabaco y para los cubatas del fin de semana.
  Porque nos quejamos, nos quejamos y nos quejamos, muchas veces sin  tener derecho a hacerlo, y otras muchas sin luchar por eso que reclamamos. Porque siempre queremos más, sin saber que tenemos cosas que no recordamos que tenemos. Porque no pensamos en aquellas personas que es verdad que no tienen nada. Ya ni somos capaces de dar un bocadillo a un necesitado, ni poner un plato de comida a un gato abandonado. 
  Porque tenemos que hacer lo posible por que todo esto cambie, para que la sociedad sea la que queremos que sea, la que debería ser y no es. Porque la vida se ha vuelto así de complicada sin darnos cuenta de que hemos perdido la naturalidad de los momentos, de los regalos, de los encuentros, las relaciones y las conversaciones. 

20 enero, 2016

Estrella de mar

Había una vez una mujer que trabajaba casi todos los días, durante todo el día en la ciudad. Ella estaba cansada de eso, y una mañana decidió evadirse, coger su coche y conducir hasta la playa más cercana. 

Cuando llegó, el tiempo era ideal, la playa estaba tranquila, el sol proyectaba cálidos rayos hacia la arena... 

En medio de su tranquilidad, la mujer visualizó a un hombre en la orilla, cogiendo cosas y lanzándolas al mar. Le pareció curioso y se acercó para ver qué estaba haciendo. Al llegar, pudo ver que, al estar la marea en su punto más bajo, miles de estrellas de mar se habían quedado estancadas en la orilla, y el hombre estaba lanzándolas una a una al mar para salvarlas. 

La mujer pensó que era inútil tratar de salvarlas, pues había tantas que sería imposible, así que le preguntó al hombre: "¿Por qué haces esto? ¿Qué diferencia puede haber por salvar solo a unas pocas?"

Así que el hombre cogió otra estrella de mar y le contestó: "Es una enorme diferencia para esta estrella de mar".


Lo más pequeño que puedas hacer, puede significar algo enorme. Lo menos que puedas hacer, es mejor que nada.



Esta historia no es mía (de ahí que esté en cursiva), la escuché hace poco y me encantó, así que lo único que hago es contárosla a mi manera porque me parece un mini cuento precioso, con una increíble moraleja.

19 enero, 2016

Nuestro talento se escabulló a través de las redes sociales

De pequeña apuntaba maneras... para ser artista. Bailaba, cantaba, daba clases de guitarra, dibujaba, escribía e incluso hacía teatro en el salón de casa. Bajo mis pies estaba la posibilidad de que algunas de esas puertas se abrieran para mí. Sé que lo hacía bien, en más de una ocasión me vi recompensada con premios y con elogios de los adultos, ya fuera un jurado, profesores o mi propia familia.

Poseía una vívida imaginación, que transformaba mis pensamientos en dibujos acompañados por textos que les daban vida. Tenía un don especial para bailar y para tocar la guitarra, todo lo aprendía deprisa y con ganas. Podría haber escogido cualquiera de estos caminos.

Entonces llegó la adolescencia, la época de la infinita necesidad de querer ser mayor e independiente, cuando era más importante tener una tarifa gratis para mandar mensajes a tus amigos que cualquier otra cosa y, así, el móvil pasó a ser uno de mis hobbies principales. Todas mis aficiones que tuve desde pequeña fueron pasando a un segundo plano, a un tercero... hasta que ese plano dejó de existir.

Tras el salto a la adolescencia, llegó el momento en el que tener Internet en casa era prioritario y empezó a llegar a todos los hogares. Luego estaba Messenger, cuando mi cometido primordial era tener el mejor estado, conectarme y desconectarme para que al chico que me gustaba le apareciera el cuadrito de "Inma está en línea", y mandarle zumbidos a mi mejor amiga cuando le decía que me había desconectado y vuelto a conectar mil veces pero Juanito seguía sin hablarme, y ésta no me contestaba.

El paso fatal fue la llegada de Tuenti, un abanico de posibilidades para dejar de tener una vida semi-privada y para saber todo de todos, y Twitter, al que le viene el icono que ni pintado. Un pajarito, sí, me lo ha dicho un pajarito, y resulta que el pajarito somos nosotros mismos piando nuestras penas e indirectas en la dichosa red social. Bueno, después ya nos modernizamos y pasamos a Facebook, porque Tuenti era demasiado cani, pero resulta que con Facebook tenemos menos privacidad aún.

Y qué decir de Whatsapp...

Ahora, el tiempo se me va en ver cómo pían los demás, mientras miro mi muro de Facebook y le contesto a la pregunta de "¿Qué estás pensando?" como si al mundo le interesara realmente lo que estoy pensando, y mientras veo los dos ticks azules en Whatsapp pero me desquicio porque han pasado diez minutos y aún no me ha contestado.

La verdad, es que yo tenía talento, tenía muchas oportunidades abiertas ante mí, solo tenía que escoger una. Pero estoy aquí, sentada en el sofá, escribiendo mi frustración con las redes sociales mientras en mis pestañas tengo abiertos Facebook y Twitter y mientras no puedo evitar echarle un vistazo al móvil cada treinta segundos para ver si tiene la lucecita encendida. Lo peor de todo, es que ya no sé bailar ni tocar la guitarra, ni tampoco dibujar, ya no me gusta el teatro y no tengo talento para escribir.




06 enero, 2016

Echo de menos cuando ansiaba ser mayor

Echo de menos cuando ansiaba ser mayor. Aquellos días en los que mi reloj interno me despertaba extremadamente temprano, me levantaba de la cama con energía y me ponía a jugar en mi habitación intentando no hacer mucho ruido.

Echo de menos cuando mamá me preparaba el desayuno y yo me pasaba la mañana entera viendo los dibujos, cuando bailaba y cantaba al son de la música que mamá ponía para acompañar sus momentos de limpieza.

Echo de menos cuando no me preocupaba el ensuciarme la ropa, cuando mis manos se mantenían sucias, cuando el suelo era mi mayor aliado.

Echo de menos cuando jugaba a ser mayor, cuando mis profesiones eran maestra, bailarina, guitarrista, violinista, artista, nadadora, camarera, cocinera o astronauta.

Echo de menos cuando mi mayor preocupación era llevar todos los deberes del cole o que mi mejor amiga y yo nos habíamos enfadado por un juego.

Echo de menos cuando tenía todo el tiempo del mundo, cuando a los días no le faltaban horas, cuando no necesitaba tomar café para mantenerme despierta. 

Echo de menos cuando los pensamientos eran ilusión, cuando los momentos se convertían en risas fácilmente y el llanto era momentáneo. 

Y es que echar de menos es fácil. Lo complicado, es lidiar con ello.



22 octubre, 2015

Donde siempre quise estar

  Creo que la mayoría de las personas sentimos que nuestro corazón está en otro lugar, que realmente deberíamos pertenecer a otra ciudad, país o incluso continente. Para mí, es otro tipo de amor, diferente al de enamorarse de una persona. Sí, estoy hablando de enamorarse de un lugar, porque eso realmente ocurre, por extraño que suene.

  Es maravilloso que podamos conocer básicamente cada rincón del mundo, ya que el viajar o simplemente la web nos lo permite. Empezamos a conocer nuevas culturas, unas nuevas costumbres, idiomas, estilos de arte y arquitectura... y nos damos cuenta de que nuestros gustos y nuestros pensamientos van más acorde con aquello con lo que no hemos crecido, con lo que incluso podemos tener a kilómetros y kilómetros de distancia.

  Anhelamos ese lugar lejano, deseamos hacer una vida allí, esperamos el momento de poder decir que estamos en el lugar donde siempre soñamos estar.

  Aún sabiendo todo lo que tendríamos que dejar atrás, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra casa, nuestras costumbres... aún así, la magia del propio lugar nos completa.  

  Nada importa una vez lleguemos a ese lugar, siempre y cuando ese lugar nos dé todo a cambio.


02 agosto, 2015

Música

Cada mañana piso el suelo con el pie derecho. Comienza un nuevo día al que trato de ponerle energía. El calor me desvanece, no tengo las fuerzas suficientes. Siento que va a ser otro día más, lo mismo de siempre. El proceso se repite. Pie derecho, pie izquierdo, avanzo sin sentido. Un ritmo resuena en mi cabeza, siempre algo pegadizo, a veces incluso pesado. Entonces me doy cuenta de que lo necesito. Eso sin lo que no podemos pasar ni un día. Que nada lo pare, que siga sonando. Le doy al play, subo el volumen. Cuanto más alto, mejor me siento. Me evado del mundo, sólo siento las notas, el boom continuo. No quiero que esto acabe, es lo mejor del día, lo que lo hace más ameno. Lo que más emociones me hace despertar, la música.


19 junio, 2015

PROMETO

Prometo bañarme en el mar aunque el agua esté congelada, porque no todos los días se tiene el privilegio de visitar al gran azul.

Prometo levantarme cada día con entusiasmo y energía para afrontar productivamente cada hora, minuto y segundo.

Prometo cumplir los objetivos que me marco a corto plazo, Es la única forma de conseguir mis metas a largo plazo.

Prometo valorar lo que tengo. Prometo no enfadarme por no poder comprarme un bikini nuevo este verano. Al fin y al cabo ya tengo mucho más que lo que pueden tener muchas otras personas en el mundo, y eso es suficiente.

Prometo ayudar siempre que me sea posible, aunque no tenga ganas.

Prometo dar lo mejor de mí misma para contribuir a conseguir una vida más justa y un planeta más feliz.

Prometo cuidar cada animal y cada planta que se interponga en mi camino. Y esto no me cuesta prometerlo.

Prometo disfrutar de los cinco sentidos que aún tengo el privilegio de poseer. Prometo leer mil libros, escuchar mil canciones, dar un millón de abrazos, disfrutar del peculiar aroma de cada cosa y saborear cada uno de "sus" besos.

Prometo viajar siempre que pueda. Prometo enamorarme de cada paraíso que nos regala la Tierra.

Prometo reír, gritar, soñar. Prometo que ni si quiera me aguantaré las ganas de llorar.

Prometo escuchar más de lo que hablo. Prometo aconsejar más de lo que mando.

Prometo apreciar los colores de la vida.

Prometo alegrarme de las alegrías de mis enemigos. Aunque esto me cueste.

Prometo recopilar un billón de buenos recuerdos.

Prometo cumplir todas estas promesas.



17 marzo, 2015

El miedo a ser juzgado


  Estoy sentada en esta sala de mi universidad, escuchando atentamente a una desconocida que nos explica técnicas para defender nuestra tesis de final de carrera. Nos invita a levantarnos y presentarnos, quiero hacerlo, pero no me atrevo. Siempre es igual. Es un miedo escénico que me ha atrapado desde pequeña, incluso con cosas que domino, pero ahí está. ¿Por qué? No lo sé.

  Siempre, antes de cada intervención en público, me intento convencer a mí misma: no te pongas nerviosa, lo sabes, lo puedes hacer genial, ¿por qué te pones nerviosa? Son tus compañeros de clase, ya los conoces, no tiene sentido que tiembles, que sudes, que dudes, que se te olviden las cosas. 

  Pero no hay remedio, vuelve a pasar. Pero, ¿cuál es el miedo? ¿Es el de hacerlo peor de lo que podría o debería? ¿Qué a los demás no les interese lo que esté diciendo?

  No. Es el miedo a que los demás te juzguen. El miedo de que en lugar de prestar atención a tus palabras, estén juzgando tu ropa, tu pelo, tu cara, tus gestos, tu voz, tu forma de hablar. Es el miedo que una sociedad superficial ha creado, y si bien nos dicen que no nos tiene que importar lo que los demás piensen de nosotros, va inculcado en el interior de muchas personas el miedo a las críticas destructivas.

  Porque sí, hoy en día nos gusta más destruir que construir, nos importa más lo malo de los demás que lo bueno de uno mismo. Quizá es porque nos sentimos mejor si tapamos nuestros defectos con los defectos de los demás, creyendo así ser superiores o simplemente algo mejor que el que tenemos al lado.

  Comparamos, comparamos y comparamos, en lugar de pensar que cada cosa que comparamos tiene algo peor pero también algo mejor que su contrincante.

  Por eso, aunque de sobra sé que todos esos que me critican sólo lo hacen por cubrir sus propios defectos, para creerse mejores que los demás o porque es su única forma de diversión, aún así, sigo teniendo ese miedo, aunque sé que no me debería importar. 

 Pero es lo que la sociedad ha construido: personas con miedo a ser juzgadas y personas con miedo a mostrar sus defectos.


24 diciembre, 2014

Un año más

  ¿Dónde quedaron esas grandes cenas familiares, llenas de juegos, villancicos, bailes y risas? Ya no sólo faltan los que se fueron allá arriba, sino que ni siquiera vienen los que pueden. Ya no hay miles de platos sobre la mesa, se han reducido a la mitad, gracias a esta crisis que nos está ahogando. También tendré que volver a repetir vestido por cuarta vez este año, pero qué más da, ya ni nos molestamos en echar fotos, parece que no queremos tener recuerdos de estas pobres citas. Las veintitantas personas de antes se han reducido a ocho. A lo mejor ya no nos podemos hacer regalos, ni tenemos comida tan abundante como antes, y más de uno repite modelito, pero lo importante es que tenemos un techo bajo el que reunirnos, que tenemos un traje exclusivo para la fecha, que tenemos al menos un plato de comida y que nos congregamos para la ocasión. Dentro de los pobres, somos los más ricos. Sólo desearía que algún día esto cambiara, ser como esas hipócritas personas que tienen el triple de comida de la que les cabe en el cuerpo, que se llenan de regalos y que se pueden permitir ir a la peluquería para la noche de hoy. Y no, no es para ser hipócrita como ellos, es para poder poner un plato de comida a ese perro abandonado de la calle, para llenar de abrigos a los necesitados y darles un plato caliente, porque mi mayor felicidad de estas fechas estaría en que todos las viviéramos por igual.

10 diciembre, 2014

La incertidumbre del qué seré

  A menudo siento que estoy perdida, que no tengo ninguna vocación o no la he descubierto aún, y que si la tengo, no la puedo desarrollar. En definitiva, todo son contradicciones. A día de hoy, no hay nada que haga que me entusiasme realmente y pensar en un futuro, me llena de incertidumbre, una incertidumbre que se vuelve más grande conforme el momento de acabar la carrera se acerca. ¿Dónde estaré el año que viene? ¿Encontraré trabajo fácilmente? ¿Será un trabajo que me guste? A lo mejor es un trabajo que no tiene nada que ver con lo que estudio. ¿Estaré en Canarias, en Lisboa, en Londres o tal vez en casa? ¿Y qué pasará con mi novio? ¿Se vendrá conmigo, me iré con él o simplemente nos tendremos que separar?
  Recuerdo las miles de cosas que quería ser de pequeña. Recuerdo que decía a menudo que quería ser maestra, y jugaba a dar clase con mis libros del colegio a niños imaginarios escribiendo en una pizarra que no existía. Más tarde, desarrollé esa idea, y en vez de maestra quería ser profesora. Eso quiere decir que la enseñanza me entusiasmaba.
  También jugaba a ser arqueóloga. Cada vez que íbamos al campo a pasar el día, me llevaba mi cajita de zapatos, con una espátula y una brocha. Buscaba piedras raras y las limpiaba con la brocha con mucho cuidado, como si del esqueleto del dinosaurio más antiguo jamás encontrado se tratara. Luego, las guardaba todas en mi cajita, y volvía a casa totalmente satisfecha por mi trabajo del día.
  Me encantaba cantar, bailar, y tocar instrumentos. Me encerraba en mi cuarto y jugaba a ser una estrella dando un concierto. Ponía la música tan alta que creía que taparía mi voz, porque me daba mucha vergüenza que me escucharan. Siempre pensaba, "algún día seré cantante y todos se sorprenderán porque no saben que me gusta cantar". Me gustaba tocar instrumentos, pero al final los abandoné, y me arrepiento. Me encantaba bailar, pero también lo abandoné, y también me arrepiento.
  También jugaba a que era nadadora profesional, dentista, veterinaria, bibliotecaria, secretaria, pastelera, diseñadora, dibujante, periodista... quería ser tantas cosas, que al final he acabado por no ser ninguna.
  Lo cierto es que hay una cosa que sí me imagino en el futuro: yo, en una casa acogedora, escribiendo un libro más, frente a una chimenea y con una enorme estantería a mis espaldas. 
  Por desgracia, esto es algo que no sólo depende de mí, sino también de las grandes editoriales y del público. Por ello, y aunque no tenga tiempo, sigo teniendo mil ideas en mi cabeza de mil historias que escribir y que algún día escribiré.

01 diciembre, 2014

Mostrémonos al mundo

Créeme, sé muy bien lo que es enamorarse, aunque no sea algo que me enseñó la experiencia. Lo aprendí cuando te empecé a amar. Tan sólo quiero que me sigas enseñando, que no dejes que mi cerebro enloquezca por querer mantener con vida mi corazón. No es un capricho necesitar que me digas que me quieres, ni tampoco que seas algo romántico. Al fin y al cabo, todas las mujeres esperamos continuamente pequeños detalles de los que algunos hombres parecen avergonzarse pero, ¿por qué? No te pido que me dediques textos de amor acompañados de una foto nuestra en tu muro de Facebook, pero sí que me lo digas en privado. 
A veces tu silencio es demasiado inquietante, una incógnita. No te pido que inviertas tu dinero en regalos para mí, pero una rosa, una tableta de chocolate, un dibujo, una carta, un simple folio con un "te quiero" debajo de mi almohada... no es tanto pedir, ¿no? Comprende que, cuando te hablo del futuro, no te estoy diciendo que quiera tener un hijo contigo el año que viene, simplemente te estoy diciendo que me gustaría pasar el resto de mi vida contigo. ¿Por qué mostrarse tan asustado por ello? 
No te voy a mentir, siento envidia de esas parejas que publican su amor, que suben mil fotos de sus viajes y momentos juntos, y me pregunto por qué nosotros nos tenemos que esconder, como si fuéramos a ser juzgados por eso. No me importa si los demás pensarán que somos una pareja extraña o perfectos el uno para el otro, no me importa que sientan envida o que se alegren por nosotros. No me importaría que estuvieras abierto a abrir nuestro amor, porque no es algo privado, es algo que hay que mostrar al mundo.

02 noviembre, 2014

Y es por eso que rompí contigo

Esta carta se la escribo a la que una vez fue mi amiga, porque me encantaría hacerle saber por qué ya no lo somos. Sí, estamos juntas en clase, el motivo por el que nos conocimos, y me cruzo contigo casi todos los días, pero si nos decimos "hola" es por educación. Hubo un tiempo en el que dejaba mi asiento para ocupar el que estaba al lado tuyo, en el que pasábamos las horas riéndonos y hablando. Nos encantaba ir a Mcdonald's y a Burger King y atiborrarnos de los menús ahorro y de helados. Se nos marchaban las tardes enteras mirando las tiendas de ropa. No éramos muy parecidas, más bien polos opuestos, pero dicen que se atraen, ¿no? No nos gustaba la misma música, no teníamos las mismas aficiones, pero nos compenetrábamos con las pocas cosas que teníamos en común, y de alguna manera, éramos felices, éramos amigas. Sí, teníamos la confianza que una amistad necesita tener, era una confianza más o menos bonita. Poco a poco nuestra relación fue desarrollándose, como si de una pareja amorosa se tratase. Yo empecé a ver cosas en ella que ya no me gustaban tanto. Ella sólo hablaba de lo "perfecta y guapa" que es y de lo "imperfectos" que son los demás. Ella me negaba todo lo que yo quería, y ante un debate, nunca había un fifty-fifty, simplemente yo tenía que darle la razón. En fin... empezamos a tener problemas, como si de una pareja amorosa se tratase. ¿Que cómo me di cuenta de que debía "romper" con ella? Cuando me empezó a producir más llantos que risas, cuando me di cuenta de que no me respetaba, que ni siquiera respetaba a los que ella sabía que yo quiero. Cuando me di cuenta de que yo para ella nunca fui una amiga, simplemente alguien a quien manejar, solo alguien que llenaba ese vacío que todos dejaban, eso, vacío. Y es por eso que, aunque a veces me da pena por lo que un día creí que éramos, rompí contigo.



Os dejo esta canción que me encanta, al igual que el vídeo en sí. No es una relación amorosa la que yo tenía, pero me parece curioso compararla con una relación de amor. 


27 octubre, 2014

Perfectamente imperfecta

  Un día me levanté y decidí que no quería volver a aplaudir la perfección. Que ver a todas esas famosas de cuerpos definidos y piel lisa, nariz pequeña, dientes blancos, pelo perfecto... no me haría querer ser como ellas. Porque lo mejor de mí soy yo, con mi pelo al natural, con mis marcas del acné y mis granitos casuales, con mi cuerpo sin curvas, mis ojeras, y mis repetidos conjuntos de ropa. 

  Alababa y envidiaba a todas aquellas bloggers que a diario actualizan con trucos de maquillaje, con nuevos peinados y con nueva ropa y accesorios. Pero, ¿por qué? Si yo no soy así.  Prefiero actualizar con los nuevos libros que he conseguido, o los que ya tengo en mi estantería sin leer, con fotos de mis mascotas, con fotos del mundo real. 

  Ver a esas bloggers sólo me hace hundirme porque yo no puedo tener lo que ellas tienen, sin darme cuenta de que lo que yo YA tengo es mucho mejor: mi familia, mis amigos, mis gatos, mi tortuga, las prendas que compré hace cinco años y que me sigo poniendo porque me encantan, los mismos pendientes cada día, el mismo peinado, las mismas zapatillas, el mismo bolso... ya tengo a alguien que me quiere tras conocer mi verdadero yo, que no se enamoró de mí por mi presencia.

  Decidí que darle demasiada importancia a las cosas y personas que PRETENDEN la perfección significa infravalorarse a uno mismo sin saber que, probablemente, tú mismo merezcas mucho más la pena que esas cosas (im)perfectas.


26 octubre, 2014

Algo de humanidad

  No tengo casi tiempo para actualizar, ni tan siquiera para inspirarme, pero para no dejar totalmente abandonado el blog, aquí os dejo este vídeo que me hace llorar cada vez que lo veo... Los que menos tienen son los que más generosos.


30 septiembre, 2014

Me gusta

Me gusta el otoño.
Me gusta la ropa de invierno.
Me gusta la ropa de verano cuando me harto de la de invierno.
Me gusta arroparme desde los pies hasta la cabeza.
Me gustan las zapatillas.
Me gusta que llueva si no tengo que salir de casa. 
Me gustan los gatos.
Me gusta abrazar a los gatos y que duerman conmigo.
Me gustan los calcetines gruesos, de muñequitos, de los que solo sirven para dormir.
Me gusta tener mil cremas para luego no echarme ninguna.
Me gustan los perfumes.
Me gusta el olor a vainilla. Y a coco.
Me gustan los libros. Me gusta coleccionarlos y no tener una biblioteca virtual.
Me gusta viajar.
Me gusta Lisboa. No, amo Lisboa.
Me gustan Londres, París, Venecia... me gustaría que me pudieran gustar más ciudades.
Me gusta pensar en mi futuro. Me gusta pensar en cómo será mi casa y mi futuro trabajo y familia.
Me gusta pensar que voy a estar toda la vida con él.
Me gusta hacer planes de futuro con él.
Me gusta estar enamorada de él.

08 junio, 2014

Tu camino

  Es muy probable que tu vida no sea un camino de rosas. Hay personas nacidas entre las estrellas y otras estrelladas. Puedes tener una cara bonita, dinero, suerte, o todas estas cosas juntas, pero nunca olvides que una vida sin esfuerzo al final te jugará una mala pasada, porque ni la belleza, ni la suerte, ni el dinero son para siempre. Perderás a personas, perderás cosas, pero si fueron buenas en tu vida, será para hacerte crecer en tu interior. Otras veces te perderán a ti, porque si alguien te hiere y se aparta de tu camino, no eres tú el que pierde algo valioso. Deberás saber elegir lo mejor para ti mismo, y deberás, muchas veces, elegir lo incorrecto, porque será la única forma de aprender. Deberás afrontar miedos, imprevistos y cobardías y deberás ejercitarte en la felicidad y en el fracaso. Si hoy te va bien, no te confíes, porque hoy mismo, todo puede cambiar. No dejes de luchar, no dejes de proponerte nuevas metas, no dejes de retarte a ti mismo a mejorar, y sobretodo no dejes que nadie te pise, porque si te pisan, es porque no pueden asumir que eres mejor que ellos. 

03 junio, 2014

Orgullo

  El orgullo tiene dos vertientes, una buena y otra mala. La buena, es aquella que va cogida de la mano de la dignidad, esa que todo ser humano debemos tener. La mala, y la que acecha, es la de la arrogancia, la soberbia, la superioridad. Y precisamente, es este tipo de orgullo del que nos debemos deshacer. Sino, pregúntate: ¿De qué sirve estar enfadado con alguien al que quieres? Yo sé de qué sirve: para deteriorar la relación. Todo el tiempo que pasen enojados el uno con el otro, es una pérdida de tiempo, una oportunidad perdida de pasar más tiempo juntos y de vivir buenos recuerdos. Y recuerda que el tiempo no está para perderlo, sino para vivirlo.