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20 enero, 2016

Estrella de mar

Había una vez una mujer que trabajaba casi todos los días, durante todo el día en la ciudad. Ella estaba cansada de eso, y una mañana decidió evadirse, coger su coche y conducir hasta la playa más cercana. 

Cuando llegó, el tiempo era ideal, la playa estaba tranquila, el sol proyectaba cálidos rayos hacia la arena... 

En medio de su tranquilidad, la mujer visualizó a un hombre en la orilla, cogiendo cosas y lanzándolas al mar. Le pareció curioso y se acercó para ver qué estaba haciendo. Al llegar, pudo ver que, al estar la marea en su punto más bajo, miles de estrellas de mar se habían quedado estancadas en la orilla, y el hombre estaba lanzándolas una a una al mar para salvarlas. 

La mujer pensó que era inútil tratar de salvarlas, pues había tantas que sería imposible, así que le preguntó al hombre: "¿Por qué haces esto? ¿Qué diferencia puede haber por salvar solo a unas pocas?"

Así que el hombre cogió otra estrella de mar y le contestó: "Es una enorme diferencia para esta estrella de mar".


Lo más pequeño que puedas hacer, puede significar algo enorme. Lo menos que puedas hacer, es mejor que nada.



Esta historia no es mía (de ahí que esté en cursiva), la escuché hace poco y me encantó, así que lo único que hago es contárosla a mi manera porque me parece un mini cuento precioso, con una increíble moraleja.

04 noviembre, 2015

Déjame vivir - Prólogo


Prólogo: Es mi noche para vivir

Gabriela salió de la tienda con una bolsa llena de lápices de pintura corporal de color gris y algunos más negros y blancos.

Llevaba esperando esa noche todo un año. Más de una vez se había parado a pensar en lo extraño que era todo, pero rápidamente se olvidaba a causa del enorme deseo que sentía de que aquello ocurriera.

Antes de doblar la esquina de su calle, se bajó la falda remangada todo lo que pudo hasta casi llegarle a las rodillas y se abrochó la blusa hasta el último botón.

—Buenas tardes, señor Gutiérrez —saludó excesivamente cortés a su vecino, que la observaba al caminar desde detrás de la cortina.

«Viejo salido de mierda», pensó. Aún así, le gustaba. Sabía que, a pesar de la vestimenta puritana, con su libido conseguía atraer las miradas de todo el mundo, incluso de alguna que otra mujer.
 
—¡Hola mamá! —saludó desde la puerta al entrar, asegurándose de que su falda no traspasaba los límites permitidos por sus padres.

La madre de Gabriela salió rápidamente de la cocina para evaluar a su hija. Un solo detalle fuera de lo autorizado y tendría que guardar el disfraz de Halloween que venía de comprar para la fiesta de esta noche.

17 marzo, 2015

El miedo a ser juzgado


  Estoy sentada en esta sala de mi universidad, escuchando atentamente a una desconocida que nos explica técnicas para defender nuestra tesis de final de carrera. Nos invita a levantarnos y presentarnos, quiero hacerlo, pero no me atrevo. Siempre es igual. Es un miedo escénico que me ha atrapado desde pequeña, incluso con cosas que domino, pero ahí está. ¿Por qué? No lo sé.

  Siempre, antes de cada intervención en público, me intento convencer a mí misma: no te pongas nerviosa, lo sabes, lo puedes hacer genial, ¿por qué te pones nerviosa? Son tus compañeros de clase, ya los conoces, no tiene sentido que tiembles, que sudes, que dudes, que se te olviden las cosas. 

  Pero no hay remedio, vuelve a pasar. Pero, ¿cuál es el miedo? ¿Es el de hacerlo peor de lo que podría o debería? ¿Qué a los demás no les interese lo que esté diciendo?

  No. Es el miedo a que los demás te juzguen. El miedo de que en lugar de prestar atención a tus palabras, estén juzgando tu ropa, tu pelo, tu cara, tus gestos, tu voz, tu forma de hablar. Es el miedo que una sociedad superficial ha creado, y si bien nos dicen que no nos tiene que importar lo que los demás piensen de nosotros, va inculcado en el interior de muchas personas el miedo a las críticas destructivas.

  Porque sí, hoy en día nos gusta más destruir que construir, nos importa más lo malo de los demás que lo bueno de uno mismo. Quizá es porque nos sentimos mejor si tapamos nuestros defectos con los defectos de los demás, creyendo así ser superiores o simplemente algo mejor que el que tenemos al lado.

  Comparamos, comparamos y comparamos, en lugar de pensar que cada cosa que comparamos tiene algo peor pero también algo mejor que su contrincante.

  Por eso, aunque de sobra sé que todos esos que me critican sólo lo hacen por cubrir sus propios defectos, para creerse mejores que los demás o porque es su única forma de diversión, aún así, sigo teniendo ese miedo, aunque sé que no me debería importar. 

 Pero es lo que la sociedad ha construido: personas con miedo a ser juzgadas y personas con miedo a mostrar sus defectos.


10 marzo, 2015

Combinación perfecta

                Fueron necesarios un momento exacto, un lugar preciso y un acto imprescindible para que mi mundo hoy gire con el tuyo. No sé quién es la Tierra y quién la Luna, o quizá somos materias imprescindibles la una para la otra, como una planta que vive de su fotosíntesis y la fotosíntesis que sólo ocurre gracias a su planta.  Las costillas de nuestras cajas torácicas se abrieron y se fusionaron desde el primer beso que nos dimos, como un abrazo que nunca queremos que finalice. Nuestras falanges se enredaron un día y aún en la distancia continúan unidas. Pero no todas las partes de nuestros cuerpos van emparejadas, pues mi vello se eriza gracias a tu piel, mis labios se curvan gracias a tu mirada y mi corazón bombea más fuerte gracias a tus palabras. Si aquel día no me hubieras detenido en mitad de aquel parque solitario en la madrugada, hoy mi mundo seguiría siendo feliz como era antes, pero así soy feliz junto a ti, y esa es la combinación perfecta.

08 junio, 2014

Tu camino

  Es muy probable que tu vida no sea un camino de rosas. Hay personas nacidas entre las estrellas y otras estrelladas. Puedes tener una cara bonita, dinero, suerte, o todas estas cosas juntas, pero nunca olvides que una vida sin esfuerzo al final te jugará una mala pasada, porque ni la belleza, ni la suerte, ni el dinero son para siempre. Perderás a personas, perderás cosas, pero si fueron buenas en tu vida, será para hacerte crecer en tu interior. Otras veces te perderán a ti, porque si alguien te hiere y se aparta de tu camino, no eres tú el que pierde algo valioso. Deberás saber elegir lo mejor para ti mismo, y deberás, muchas veces, elegir lo incorrecto, porque será la única forma de aprender. Deberás afrontar miedos, imprevistos y cobardías y deberás ejercitarte en la felicidad y en el fracaso. Si hoy te va bien, no te confíes, porque hoy mismo, todo puede cambiar. No dejes de luchar, no dejes de proponerte nuevas metas, no dejes de retarte a ti mismo a mejorar, y sobretodo no dejes que nadie te pise, porque si te pisan, es porque no pueden asumir que eres mejor que ellos. 

03 junio, 2014

Orgullo

  El orgullo tiene dos vertientes, una buena y otra mala. La buena, es aquella que va cogida de la mano de la dignidad, esa que todo ser humano debemos tener. La mala, y la que acecha, es la de la arrogancia, la soberbia, la superioridad. Y precisamente, es este tipo de orgullo del que nos debemos deshacer. Sino, pregúntate: ¿De qué sirve estar enfadado con alguien al que quieres? Yo sé de qué sirve: para deteriorar la relación. Todo el tiempo que pasen enojados el uno con el otro, es una pérdida de tiempo, una oportunidad perdida de pasar más tiempo juntos y de vivir buenos recuerdos. Y recuerda que el tiempo no está para perderlo, sino para vivirlo. 

02 junio, 2014

Porque juntos, somos felices

  Perdona si resulto cargante, pero recordar aquéllos buenos momentos del inicio me hace feliz. El día que nos conocimos, y a penas hablamos. Cuando comenzamos a relacionarnos y una sonrisa me salía cada vez que hablábamos. Cuando cada vez que te veía, hasta mi estómago se revolvía de los nervios. Cuando en persona me quedaba paralizada y no sabía qué decirte. Cuando en mi cabeza estaba pensando "bésalo" y mi cuerpo no reaccionaba. Cuando entonces éramos desconocidos. Y ahora todo ha cambiado. No hay momento en que me cueste sacarte un tema para hablar. Ya no me sale una sonrisa cuando me hablas, ni me pongo nerviosa cuando te voy a ver, porque contigo soy una sonrisa constante y mi estómago ya ha asumido que te puede devorar. Ya no tengo miedo a besarte, sino que cuando no te estoy besando mis labios lo están pidiendo a gritos. Ahora nuestra confianza da un asco encantador. Ahora somos rutina alimentada por aquéllos recuerdos del principio, que nos hacen recordar por qué debemos estar juntos: porque juntos, somos felices.


13 mayo, 2014

Viajes con final

  Sé que en la vida se extrañan cosas. Te vas, se van, caminos que se separan. Y la vida te obliga a olvidar sin quererlo. No tenemos más remedio que recordar y echar de menos, hasta que los vacíos cierran puertas o se rellenan con otras personas, sentimientos o cosas. Pero mientras, el vacío es dolor, y no hay peor dolor que uno correspondido. Son esas veces que nos alejamos el uno del otro sin desearlo, porque nos encontramos en un momento puntual y en un lugar ajeno. Y aun sabiendo que acabaría, decidimos unir nuestras vidas durante un período de tiempo determinado, marcando nuestro inicio y nuestro final sin quererlo, siendo conscientes del vacío de después. Solo nos queda una regla de consolación: "aprovechemos el tiempo juntos". Pero yo tengo reglas que nadie más conoce: "míralo hasta caer rendida, no le sueltes la mano hasta que sea irremediable, abrázalo siempre que tengas oportunidad, bésalo hasta que la imposibilidad de hartarte llegue y díselo todo". Incluso si tienes que decirle que le quieres.












13 marzo, 2014

Querida Claudia

  Querida Claudia,

  Siento mucho no haber hablado contigo antes, y no me refiero a no haberte escrito antes, sino a no haberte dicho a tiempo lo que sentía. Puede que ya sea tarde, demasiado tarde. Bueno, sé que lo es. Pero he de hacértelo saber igualmente.
  Cuando te vi la primera vez, me pareciste guapa. No sabes cuánto tiempo estuve comiéndome el tarro por sacar algún tema de conversación contigo, cosa que finalmente no logré. Quería hablarte, pero no encontraba la manera, y no sabía por qué. Cuando te fuiste y no te despediste, algo en mí se quedó derrumbado. Sé lo que estarás pensando ahora, que soy un exagerado porque nos acabábamos de conocer. pero es la verdad. Algo en ti me llamó la atención.
  Cuando te vi la segunda vez, los nervios me comían, la voz me temblaba, ni siquiera podía mirarte a la cara.
  Cuando te vi la tercera vez... bueno, ya sabes qué pasó. Hacía tanto tiempo que no besaba a nadie que sentí como si fuera mi primer beso de nuevo.
  Cuando nos vimos todas las siguientes veces, hasta la última, cada vez me fui enamorando de ti, más y más.
  El problema es que nunca te dije nada. Me limité a besarte y a tomarte y no entendía que necesitabas otros gestos y otras palabras. No te dije que me gustaste desde la primera vez que te vi, y que también quise besarte desde esa primera vez. No te dije que a mis brazos les faltaba algo cada vez que no te abrazaban, que a mis ojos les faltaba visión si no te miraban y que mis labios se sentían indefensos sin tus besos. No te dije que deseaba con todas mis fuerzas que aquello nunca acabara, aunque sabía de sobra que aquel viaje tenía un final. No te dije que te quería...
  Perdón, he estado escribiéndote en pasado, pero todo esto es presente. Te empecé a querer, te quería entonces y todavía lo hago. Y estoy seguro de que te querré durante mucho más tiempo. Estoy tan afligido por no hacerte saber tantas cosas... y me duele que tú tampoco te dieras cuenta.
  Sé que todos tus sentimientos estaban a punto de salir de tu boca cada vez que estábamos juntos, pero que no te atrevías porque no querías asustarme, o quedar como una tonta. Yo no soy de decir estas cosas, sabes que me cuesta expresarme, y eso no cambiará.
  Aún así, aquí estoy, diciéndote esto, que no es ni la mitad de lo que me gustaría decirte. Fuiste mi amiga, mi enamorada, y me hiciste pasar el mejor tiempo de mi vida.
  Te quiero. Te quiero como no te puedes imaginar.

                                                                                                                                         Elián.

24 enero, 2014

Despedida


  Otra vez, había estado más que decidida de que partir sería formidable, pero otra vez se equivocaba. Los nervios de las despedidas de aquella primera vez, que creía haber afrontado, se volvían a repetir en forma de llanto. Pero entonces era una tristeza diferente, porque conocía con franqueza el auténtico significado de una despedida. Un adiós podía ser frío, cariñoso, ardiente, desinteresado, cotidiano, desolador... un adiós podía ser para volver a encontrarse antes o después o para siempre. Un adiós podía ser sin saber que era un adiós para siempre. Y esa despedida era la que más miedo le daba, una despedida eterna sin saber que lo sería.




24 octubre, 2013

Abrazaros y no soltaros jamás

  <<¡Vaya! Hacía mucho tiempo que no venía a casa de los abuelos. ¿Dónde estarán ellos? Quizá hayan salido a dar uno de sus largos paseos. Lo que sí hay por todas partes son mis juguetes. La abuela se va a enfadar conmigo si no lo recojo todo antes de que vuelvan. Todos estos peluches... ¿son nuevos? No, no. Me suenan de algo. Ah, claro, son los peluches que la abuela colecciona sobre la cama que me prepara para dormir cada vez que vengo. ¿Cómo había olvidado todos estos objetos? ¿Y esto? Mi caja de colores. ¡Qué desordenados están! ¡Oh! Mi libro de Alicia en el País de las Maravillas. Siempre ha sido mi cuento favorito. Siento como si hiciera mucho tiempo que no me paro a mirarlo, qué sensación tan extraña...>>

  Y tras estos breves recuerdos, desperté y me di cuenta de que sólo eran recuerdos, los mismos que tengo cada día. Después, un día más, me volví a lamentar por el tiempo que hace que no estáis, unos más y otros menos, por el tiempo que perdí y no estuve a vuestro lado. Siento que pensarais que ya no me importabais. De hecho, me seguís importando como casi nadie más lo hace. Me gustaría que hubierais visto más de mí. Me gustaría que hubierais seguido enseñándome. Me gustaría abrazaros y no soltaros jamás...



14 octubre, 2013

Una máscara sincera

  Siempre oculta tras capas de inseguridad, buscando las palabras perfectas que nunca surgen de su garganta. Observadora, tímida, silenciosa, tal vez demasiado cobarde. Una soñadora innata que solo se dedica a esperar a los demás. Demasiado temerosa como para aportar su valoración, acatando siempre lo que los demás quieren. Conformista por fuera, rebelde en su corazón. Ansiando siempre decir tantas cosas y callándolo todo a la vez. 
  "Ojalá fuera osada, ojalá fuera convincente, ojalá fuera audaz, ojalá fuera atrevida..." Se dice a sí misma.  Pero su forma de ser es lo que la hace única, para bien y para mal. Y ser único es ser uno mismo, a pesar de los defectos y las virtudes, de las carencias y las abundancias. Tal y como es, es como los demás la quieren, y quien desee que cambie, es que no la quiere de verdad.



24 septiembre, 2013

Un te quiero y un te amo

  Existe una finísima línea entre un "te quiero" y un "te amo". Ambos sentimientos similares, pero en proporciones demasiado diferentes. Ambos son fáciles y difíciles de pronunciar al mismo tiempo, pero dispersan un afecto diferente, aunque afecto al fin y al cabo. Algunos son verdaderos, otros ficticios. Algunos son sinceros y otros hipócritas. Se dicen en la distancia y en la cercanía. Se dicen en la riqueza y en la pobreza. Se demuestran con actos o con regalos. Se dicen desde las primeras palabras hasta el último suspiro. Algunos sólo lo piensan, otros lo gritan a los cuatro vientos. Se dice con frecuencia o inusualmente. Pero ambos son tan parecidos y tan distintos a la vez, que pocas personas saben diferenciarlos.

23 septiembre, 2013

En el tren

  Eran ya casi las diez de la noche y se disponía a subir al tren que la llevaría a su nueva casa. Estaba discutiendo con su amiga si ese era el tren que debían coger o no, cuando alguien dijo algo en portugués que no entendían.
  -¿Perdona? No entiendo -se disculpó.
  -¿Español? -preguntó el chico. Tenía cara generosa, pero muy aniñada, a pesar de que parecía tener unos veinte o veinte y algo.
  -Sí -asintió secamente. Al lado del chico se situaba su amigo, atento a la situación.
  A ella no le gustaba especialmente el aspecto de este último, aunque, como siempre, se repitió para sus adentros: "a lo mejor el que tiene la peor pinta es la persona más buena del mundo".
  -¿Éste va para São João? -preguntó el chico esta vez en su idioma.
  -Mmm... creemos que sí, aunque no estamos seguras -los cuatro se pararon a mirar durante un momento las líneas del tren dibujadas en un cartel y finalmente subieron.
  -Si queréis os avisamos cuando llegue vuestra parada -les advirtió el chico.
  -No, gracias -dijo ella amablemente-. Sabemos cuándo es. Gracias -repitió, y le dedicó una sonrisa.
  Las amigas caminaron hasta el final del vagón y se sentaron. Después observaron que ellos se sentaron próximos. Segundos después, el otro se levantó y comenzó a cantar algo extraño y a dar vueltas por el vagón. Eso las inquietó mucho. Se estuvieron fijando en los tatuajes y piercings que éste llevaba, y también en su desaliñada vestimenta. El chico no dejaba de caminar para un lado y para otro y de mirar fijamente a otros pasejeros. Se acercó a una señora y comenzó a hablarle. Él y el otro chico se reían de vez en cuando.
  Su amiga no dejaba de decirle que no le daban buena impresión y ese tipo de cosas. Después siguió hablándole todo el trayecto sobre picaduras de mosquitos, la ropa que se había comprado y algunas de las tantas cosas que a ella le solían aburrir. Se limitaba a asentir con la cabeza y decir cosas como "claro" y "mmm".
  Lo que en realidad estaba observando, era que aquellos chicos no dejaban de mirarlas. Los veía reflejados en el cristal, así que podía disimular.
  No sabía por qué, pero el chico le atraía de alguna u otra forma. Llevaba el pelo castaño largo recogido en una coleta baja, cosa que no le gustaba nada. Una camiseta cualquiera, rota en la parte de atrás.  Y no dejaba de mirar el móvil y escribir en él, cosa que odiaba de las personas. Pero, igualmente, le gustaba su rostro y las pocas palabras que había cruzado con él.
  -¡Achís! -estornudó ella tapándose la boca. Sus estornudos eran menudos y chillones, como si fuera un chihuahua ladrando.
  -Salud -le dijo el chico desde el otro lado.
  -Ella se quedó tan extrañada, que lo miró y al rato sonrió levemente, sin saber qué decir.
  Después, su parada se aproximaba, y ella seguía observándolo, ahora ya sólo a él, a través del reflejo del cristal. Recordó la película "Antes del amanecer", que tanto le gustaba, y recordó cómo los protagonistas se conocían en un tren.
  Sueños fugaces empezaron a pasar por su mente: el chico le da su número, le pregunta su nombre, la invita a un helado...
  Llegaron las diez y veinte, la hora de bajarse del tren.
  Las amigas emprendieron su camino hacia casa.
  -¡Oye! -gritó el chico a sus espaldas. Ellas se giraron para escucharlo-. Es por aquí -dijo finalmente indicándoles la salida de la estación.


22 septiembre, 2013

¿Por qué no odio los domingos?



  Mientras los demás seguían durmiendo, ella estaba leyendo a la luz de las primeras horas del día.
  Mientras los demás se tomaban la aspirina para el dolor de cabeza, ella escribía sus sueños en papel.
  Mientras los demás intentaban recordar la noche anterior, a ella le surgían nuevas ideas en la cabeza.
  Mientras los demás buscaban remedios contra la resaca, ella buscaba una buena historia que leer.
  Mientras los demás volvían a dormir en la tarde, ella veía una película romántica.
  Mientras los demás maldecían el día siguiente, ella lo dejaba todo preparado para el mismo.
  Mientras los demás desperdiciaban el día, ella lo aprovechaba al máximo y sin aburrimiento.
  Ésas eran las razones por las que todo el mundo odiaba los domingos, menos ella. 




Rara

  Muchas veces se paraba a pensar en los demás: en lo que hacían, en lo que les gustaba, en cómo vestían... Y se preguntaba por qué ella era diferente.
  Sabía que la gente lo había comentado a sus espaldas: era rara. Incluso se lo habían dicho personalmente. Pero, ¿por qué? Odiaba el alcohol, prefería una noche en casa que en una discoteca, jamás había probado un cigarro, le gustaba leer y dibujar, le gustaba soñar... ¿tan malo era eso?
  Reflexionando una y otra vez sobre lo mismo, sacó una conclusión: "no soy rara, sino especial y diferente; no soy friki, simplemente no soy un borrego más del rebaño. No tiene por qué gustarme todo lo que a los demás les gusta. Que me llamen rara, friki, y todo lo que quieran... mi rareza es mi felicidad."


21 septiembre, 2013

Extrañar

  Aparentemente estaba bien. Aparentemente... incluso ella misma creía estarlo. Se sentía tan segura, creía ser tan independiente y solitaria, que no imaginaba que los recuerdos llegarían tan pronto y tan ininterrumpidos en momentos puntuales. Día tras día, estaba descubriendo lo que era extrañar de verdad. Ahora recordaba todas aquellas veces que le había dicho a un chico o a sus amigas que los echaba de menos, cuando sólo llevaba días o incluso tan sólo horas sin verlos... y se sentía tan tonta. No puedes extrañar a alguien realmente hasta que no dejas de tenerlo durante mucho tiempo seguido, hasta que no puedes comunicarte con esa persona cada vez que lo desees, hasta que te encuentras a kilómetros y kilómetros de ella, o hasta cuando sabes que no la volverás a ver, porque se fue, se fue para siempre.
  Y mientras recordaba y extrañaba, algunas gotas saladas se le escapaban mientras intentaba contener la respiración y luchaba con todas sus fuerzas por ser resistente y dura.

03 septiembre, 2013

Deseos en París

  Tenía ganas de perderse por las calles de una nueva ciudad, dar vueltas y vueltas sin tener noción del tiempo, cruzarse con desconocidos, no sentirse observada, percatarse tan solo de la música que la acompañaba entre sus auriculares... hasta llegar al lugar de partida. 
  Quería captar momentos con su cámara, de lugares mágicos como si fuera la primera en fotografiarlos. Encontrar un parque y enterrarse en el césped para observar la multitud. Pararse a acariciar simpáticos perros de desconocidos. Sonreír a los ancianos. Leer sentada en un banco.
  Tantas cosas quería hacer... tantas cosas que por fin había conseguido.


31 agosto, 2013

Un beso




  Allí sentada, bajo un sol y una nube de calor febril al que no estaba acostumbrada en París, se encontraba observando aquella torre que tanto adoraba y que había sido protagonista de tantas historias de amor en su cabeza. Miles de circunstancias se hacían dueñas de su imaginación diariamente, pero ella ya empezaba a estar cansada de todas las aventuras que nunca se cumplían...
  Así que se puso en pie, respiró hondo al son del viento, hasta que sus pulmones se llenaron al máximo y, tras un suspiro, se quitó el sombrero y lo dejó marchar con la  brisa. De esta suerte, sus ideas volarían y le dejarían cabida al gran beso que urgía dar al que era protagonista de cada una de esas historias.